Washington tuvo ayer un día
muy peculiar, sobre todo en los alrededores de la Organización de
Estados Americanos (OEA), a sólo escasos metros de la Casa Blanca.
Mientras afuera del organismo cerca
de 100 manifestantes, representantes de organizaciones civiles, protestaban
por la firma del TLC, adentro –en el Salón de las Américas–
los cinco ministros de Centroamérica y el representante comercial
de Estados Unidos daban por concluido un nuevo capítulo del acuerdo
al estampar su firma en los textos, en medio de la lluvia de aplausos de
los presentes.
El acuerdo deberá ser ratificado por al menos los congresos de dos países (Estados Unidos y cualquier otro de Centroamérica) para que pueda entrar en vigor (sólo en los países firmantes). Este tratado fue calificado como uno de los más modernos en la historia del libre comercio, pero requerirá un serie de reformas internas en cada una de las naciones del istmo para que sea un instrumento de desarrollo regional.
“Será el mayor vehículo para la prosperidad sólo si se concluye con una serie de reformas fundamentales para la competitividad de los mercados económicos de la región”, recordó Luigi Eunadi, secretario general adjunto de la OEA.
El funcionario recordó que la tarea más inmediata será trabajar con los congresos de cada país y con la sociedad civil para que el acuerdo sea una realidad, y precisamente este es el organismo encargado de enviar a cada país una copia autenticada del tratado para que sea entregado a las asambleas y congresos en el más corto tiempo.
La fecha para la entrega de los documentos en cada país depende del ambiente político de cada uno, según reconocieron los congresistas norteamericanos invitados a esta ceremonia.
Cass Ballenger y Kevin Brady afirmaron que entre más rápido la aprobación mejor, pero que es poco probable que el TLC ingrese al Congreso norteamericano antes de noviembre próximo.
Visión regional
Por su parte, los ministros de la región coincidieron en plantear al TLC como un arma para incrementar la inversión extranjera, los empleos en áreas como textiles y apuntalar la reconversión de la agricultura y el acceso a nuevas tecnologías.
“No es una panacea, pero nos da, sin lugar a dudas, facilidades y oportunidades que aprovechar”, afirmó Norman García, ministro de Honduras.
Guatemala, uno de los países que hasta la noche de este jueves estaba revisando los textos, agregó que es una ventana “al desarrollo y a la atracción de inversiones” si se hace funcionar con las medidas y reformas necesarias.
Robert Zoellick, representante comercial de Estados Unidos, aprovechó para enviar un mensaje de advertencia a quienes se niegan al libre comercio: “Negarse al comercio, al compromiso, no es la forma de hacer amigos ni aliados”, aseguró, al mismo tiempo que reconoció que ha llegado la hora de dejar atrás el “intervencionismo” de Estados Unidos e impulsar un trabajo conjunto entre varios países.
En igual sintonía habló el ministro de Economía de El Salvador, Miguel Lacayo, quien afirmó que además de ayudar a la transparencia y eliminar las viejas formas de comercio, el TLC es un mensaje para “decirle no al proteccionismo” porque no se debe “permitir que nadie se esconda detrás del proteccionismo y la retórica laboral”, en alusión a uno de los temas que complicarán más la ratificación del acuerdo.
Logramos lo mejor que pudimos lograr
Sectores privados de la región piden políticas para fomentar
la competitividad y así enfrentar asimetrías.
Después de pasar horas y horas en el cuarto adjunto a lo largo
de un año, cuidando los detalles del proceso para que los diferentes
sectores no fueran sacrificados, el sector privado de Centroamérica
hace un balance positivo de la firma del TLC y de lo que allí ya
está plasmado.
Los empresarios prefieren no hablar de sectores ganadores, dicen que
el país completo lo es, pero reconocen que hay aspectos
que no quedaron como se esperaba. Lo principal, según la visión
de Federico Colorado, presidente de la Asociación Nacional de la
Empresa Privada (ANEP), es que no se respetó en los acuerdos la
diferencia de tamaño de las economías como se debía.
El tamaño de las economías no se tomó en cuenta
en los temas agrícolas. No se llevó a cabo en la forma como
se quería, afirmó el empresario.
Los plazos de desgravación y la diferencia entre lo que los sectores
estaban dispuestos a dar en cuotas para la importación de productos
agrícolas norteamericanos y lo que se terminó negociando
son algunas de las espinillas del sector.
Logramos lo mejor que pudimos lograr, afirmó Rigoberto
Monge, el negociador técnico del sector, quien agrega que el reto
ahora es aplicar bien las reglas que se negociaron y reconvertir a los
sectores que lo necesitan con políticas de apoyo. Además
plantean la necesidad de mejorar más la
infraestructura, reducir los costos de producción, las trabas
burocráticas y apostarle a la educación y a la tecnología.
Honduras también habla de lo que se pudo lograr y no se tiene.
Jacobo Regalado, presidente de la cúpula hondureña, lamenta
que su país no haya podido lograr consolidar la protección
de ciertos productos sensibles con los aranceles más altos en la
OMC.
De todos los países, es el que tiene más bajos aranceles
de negociación. Nos hubiera gustado porque es una desventaja,
pero no se pudo. Ahora debemos ver cómo se protege más a
los sectores, afirmó.
Costa Rica, uno de los países que se cuidó de negociar
de forma más despacio en el proceso, también tiene sus deudas
pendientes, porque como dice el empresario Marco Vinicio Ruiz, tuvieron
que abrir las telecomunicaciones, y eso les implicará una amplia
discusión interna al momento de cambiar las leyes y ratificar el
acuerdo.
Guatemala, por su parte, resiente no haber obtenido una cuota de carne
para exportar a Estados Unidos, ya que le parece paradójico cómo
El Salvador, que no tiene producción de carne de res, sí
tenga acceso bajo un contingente y ellos no. Además de que no pudo
renegociar algunos productos que el negociador Salomón Cohen entregó
en bandeja de plata a Estados Unidos.
Entre las sonrisas y las protestas
Los medios fueron convocados una hora y media antes del inicio de la
ceremonia.
El espacio era tan reducido que no dio abasto para las más de
300 personas.
Estados Unidos no es tan puntual como los suizos. El evento inició
con un retraso de 15 minutos, según rumores, por la llegada tardía
de Robert Zoellick, o Bob, como le llaman algunos ministros.
El atraso sin embargo fue aprovechado por negociadores y empresarios,
sobre todo salvadoreños, que buscaban entre las sillas el mejor
espacio para tomarse una foto teniendo como fondo las banderas de los
países miembros de la OEA.
Cerca de 150 manifestantes llegaron a las afueras de la OEA para protestar
por la firma del acuerdo, pero no lograron inquietar ni aplazar el suceso.
El fracaso de la última jugada
Centroamérica sabía que negociaba con la primer potencia
del mundo, pero nunca esperó que esta potencia buscara, bajo el
pretexto de las interpretaciones legales, darle vuelta a ciertos acuerdos.
Trascendió que durante la noche del jueves, sólo horas
antes de la firma del acuerdo, Guatemala seguía negociando en la
Oficina de Comercio de Estados Unidos (USTR) para evitar que los norteamericanos
eliminaran de los textos la Salvaguardia Agrícola Especial (SAE)
que se tiene en la OMC, y que sólo ha sido activada por Costa Rica.
Marco Vinicio Ruiz, empresario de Costa Rica, el otro país que
luchaba por la medida, confirmó que Estados Unidos respetó
el derecho de los países a acudir también a este mecanismo
de protección. Sí es un mecanismo que ellos mismos
propusieron para evitar tener que eliminar sus subsidios. Es un derecho
que tenemos y no nos podemos limitar a usarlo, dijo.
Centroamérica tiene como primera opción, según
explicó Ramiro Pérez, representante del Gobierno de Guatemala
y miembro del sector lechero de ese país, utilizar la SAE que se
negoció en el acuerdo y como está en OMC.
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