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El martes toma posesión de su elevado cargo el presidente electo, Elías Antonio Saca, el empleado público número uno. El presidente Saca ha manifestado con insistencia que él se debe a su pueblo y que se entregará a su servicio. Seguramente, este compromiso será parte importante de su discurso de toma de posesión. Lo escucharemos atentamente, le tomaremos su palabra y nos mantendremos vigilantes para criticarlo, o reconocer su obra, cuando sea
necesario.
Su tarea más difícil e inmediata es buscar un entendimiento político con todos los partidos y sectores, aun con los más recalcitrantes. Los bayuncos del FMLN, dando reiteradas muestras de su irracional objetivo de generar ingobernabilidad, han adoptado una actitud incongruente, respaldada únicamente por los incondicionales de la línea ortodoxa. Esa actitud, merece, como lo está recibiendo, censura de la población deseosa de lograr armonía política y de encontrar un común denominador: el bienestar de El Salvador y de los salvadoreños.
Revisando la nómina del nuevo gabinete, aunque no conozco a todos estoy seguro de que el presidente electo los ha escogido porque son personas capaces, que sabrán responder a las imperantes necesidades de sus elevados cargos y coadyuvar con su jefe para el logro de su propósito.
El nuevo Gobierno necesita concentrar su atención en los problemas que nos agobian y que son un freno para el desarrollo. Nuestra endeble economía, sostenida principalmente por las remesas de los salvadoreños en el exterior, puede colapsar al reducirse la ayuda familiar, como puede ocurrir dentro de una generación, salvo que se tomen medidas para apuntalarla. No se mira en el horizonte un repunte en los precios de nuestro grano que fue de oro, ni vale la pena seguir encendiendo velas y elevando oraciones a San Ansovino para que las heladas en Brasil eleven su precio. Nuestros otros productos de exportación son incapaces, por sí, de mantener la economía, por lo que nos resta buscar nuevos rumbos, confiados en que el tratado de libre comercio sea fuente sustancial de empleo y generador de bonanza económica; eso es si los antiglobalizacionistas nos dejan tranquilos.
Nuestra economía debe estar sustentada sobre bases sólidas, que, en buena parte, puede ofrecer el tratado de libre comercio al fortalecer los sectores exportador, agrícola e industrial, lo que permitiría independizarnos de las remesas familiares y contribuiría, a mediano plazo, a reducir el desempleo y la pobreza en las ciudades y en el campo.
Tampoco podemos continuar endeudándonos ad infinítum. El saldo bruto de la deuda externa, según cifras preliminares del Banco Central de Reserva, ascendía, a diciembre de 2003, a $8,598 millones, o 57% del producto interno bruto (PIB), y está llegando a límites comprometidos. Cierto, los terremotos de 2001 y el programa de desarrollo de la infraestructura han obligado a un endeudamiento muy elevado, aunque justificable, no obstante que buena parte de ello lo hemos recibido bajo términos blandos. Parece improbable, por lo menos hasta las próximas elecciones legislativas, que un mayor grado de endeudamiento reciba el voto calificado de los legisladores. No cabe duda, sin embargo, que el presidente Saca y su gabinete económico deberán utilizar sus mejores argumentos políticos, para que la oposición no obstruya el único camino que nos queda para un desarrollo acelerado: el endeudamiento externo manejable.
Un problema grave, que demanda la atención del nuevo gobernante, es el de la corrupción política, un obstáculo que amenaza la seguridad democrática del país y erosiona los valores éticos y morales de la sociedad. Estamos presenciando casos ejemplarizantes de persecución de políticos corruptos en Nicaragua, y más recientemente en Guatemala. En lo que a nosotros respecta, no debemos asumir que el caso de ANDA es el único en nuestro medio y que una vez resuelto, se acabó todo el problema. El Gobierno debe operar de manera transparente, rindiendo cuenta de sus actos en todos los niveles jerárquicos, brindando a la población información irrestricta y persiguiendo enérgicamente a todos los corruptos, dando así muestras claras de su decisión de castigar a todos aquellos involucrados en actos de corrupción. A la vez, debe exigir de la sociedad civil una actitud constructiva y positiva.
El costo de la vida es, de por sí, el problema más serio que enfrentamos los salvadoreños y si bien los factores externos, como el alza desmedida de los derivados del petróleo, se escapan del control local, el Gobierno tiene en sus manos medidas correctivas que el presidente Saca deberá utilizar, para evitar que la inflación se coma todo el progreso.
Finalmente, nuestro nuevo presidente debe estar consciente de que el ejercicio de la democracia presupone la libre competencia entre diversas opciones partidistas, personales, políticas e ideológicas. La alternabilidad en el poder de personas, partidos e ideologías es sana y recomendable para el mejor funcionamiento del sistema democrático. Lo malo es aferrarse al pasado, a las políticas e ideologías extremistas, al caudillismo en el poder y en los liderazgos
políticos.
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