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Juego de presiones
Abu Ghraib
Sofía Villalta Delgado
mjoven@saltel.net

Colaboradora de LA PRENSA GRÁFICA

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El escándalo desatado en los últimos días por el irrespeto a los derechos humanos de los prisioneros de guerra iraquíes, cuyas fotografías en condiciones humillantes para todo ser humano o bajo torturas insufribles como es un lazo en el cuello, junto a una imagen alegre de una soldada estadounidense, nos hace reflexionar sobre dos cosas: ¿Hasta dónde hemos caminado como humanidad sobre el respeto de todos y de todas en cualquier condición de desventaja? ¿Hasta dónde una democracia como es la norteamericana pudo haber llegado si en condiciones de dominación se cometen esos horrores? Todo esto nos permite asegurar que la vigilancia de los derechos de las personas tiene que ser vigilado, supervisado, enseñado en todo momento de la vida, desde la parte curricular de la formación profesional hasta la parte empírica de la práctica sistemática en todos los momentos de nuestras vidas y en las diferentes posiciones del poder público y privado.

Los abusos cotidianos que por la práctica se vuelven sistemáticos corroen toda valoración de la dignidad humana y no hay castigo posible que pueda reparar el daño a otros-as, de ahí que lo que hay que aprender es aprender de la experiencia que los seres humanos en el ejercicio del poder pueden cometer atrocidades que deben ser controladas y frenadas por todos los demás.

El ejercicio del poder y de control sobre otros se refleja en los diferentes momentos de la vida humana. En El Salvador por ejemplo el ejercicio del poder patriarcal se refleja en las causales de muerte y morbilidad de las mujeres, las cuales aparecen con complicaciones del embarazo parto y puerperio, es decir en el irrespeto que cotidianamente se tiene en el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres salvadoreñas, en el control del cuerpo como espacio de poder masculino, en la incapacidad que tienen las mujeres a decidir por sí solas su maternidad, su sexualidad y su salud sexual y reproductiva.

En los informes del ISDEMU, en los días recién pasados, pudimos escuchar en un muy bien estructurado discurso dado por la vicepresidenta electa el interés sobre las mujeres salvadoreñas. También ahí escuchamos un discurso donde se habló de la salud de las mujeres salvadoreñas, en donde quedó evidenciado con cifras que la mayor morbimortalidad de las mujeres desde la adolescencia temprana está unida a las complicaciones del embarazo, parto y puerperio. Con beneplácito pude observar que la señora vicepresidenta electa tomaba nota al escuchar estos datos. Esperamos que en las políticas públicas haya lineamientos que se dirijan a cambiar la actual realidad.

En el ejercicio del poder se cometen muchos abusos y así como hemos visto estupefactos los abusos llevados a cabo en el pueblo iraquí por las fuerzas de la coalición, así vemos cotidianamente en el país el abuso sistemático sobre los derechos de las mujeres salvadoreñas, en las relaciones desiguales de poder de los géneros y que se ven en las estadísticas de violencia intrafamiliar, de violaciones tanto en el hogar, incestuosas como en la delincuencia juvenil, además en la violencia laboral y la discriminación de género en los espacios del poder político.

Sólo una vigilancia constante y un espacio de denuncia pueden cambiar estas realidades muy vinculadas con nuestra cultura y por lo tanto difíciles de cambiar sin una formación basada en el análisis introyectivo de las diferentes clases de mujeres en el ámbito nacional.

Hasta ahora las organizaciones de mujeres y algunas instituciones de gobierno que a través de los estudios han desarrollado conciencia de género han puesto en el discurso, y algunas en el debate público, esta problemática que puede llevarnos al desarrollo si el nuevo gobierno da un enfoque directo al mundo que vivimos las mujeres.



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