días duró el motín en la prisión de Benfica, en Río de Janeiro.
Población
900
personas se encuentran internadas en este centro de detención.
Una sangrienta revuelta de tres días provocó la muerte de al menos 38 reclusos, algunos de ellos mutilados o quemados, en un centro de detención en Río de Janeiro.
Los funcionarios e investigadores temen que el número de muertos sea mayor, dijo Raphael Martins, vocero de la Policía en Río.
La escena dentro de la prisión de Benfica era la de una carnicería, con miembros humanos lanzados en desechos de basura.
El motín, que estalló el sábado, se produjo en el centro de detención Benfica, de Leopoldina, en el norte de Río. La prisión fue habilitada hace sólo dos años, entre una barriada (favela) gigante al frente y dos escuelas públicas atrás.
Comenzó con fuga
En aquella primera jornada escaparon, según la versión oficial, 14 de los 900 internos —la capacidad de la prisión es de 500 reos—. Tres fueron recapturados.
La sospecha es que bandas rivales aprovecharon la confusión del intento de escape del sábado para ajustar cuentas con enemigos.
Los amotinados, que pertenecían a la organización criminal más poderosa de Río de Janeiro, el Comando Rojo (CV), exigían el traslado de 179 presos, miembros de otra organización criminal rival, el Tercer Comando, a la que pertenecería la mayoría de los asesinados.
La situación continuaba tensa este martes tanto dentro como fuera de la prisión.
Los familiares de los presos, desesperados por la falta de identificación de los muertos, intentaron invadir en la mañana del martes una escuela lindera con la cárcel para comunicarse con los detenidos, que golpeaban las rejas de las ventanas de sus celdas. Fuerzas del batallón de choque de la Policía Militar impidieron la invasión de la escuela.