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[ Cadáver] exquisito
Un lugar
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“Si ningún lugar es el mío, ¿cuál será mi lugar
verdadero?...”
“Quizá —le contestaron— éste el lugar verdadero en la ausencia de todo lugar?”
Ésta es una de las muchas citas que he subrayado, entre comentarios y dibujos, en este libro que ahora tengo entre mis manos: “Un extranjero con, bajo el brazo, un libro de pequeño formato”, del escritor Edmond Jabès (El Cairo, 1912; París, 1991).
Compañero fiel de mis viajes a lo largo de estos últimos dos años, su portada ha sido ilustrada por Miquel Barceló con la oscura silueta de una figura —un nómada quizá— que se refugia de la implacable luz en una minúscula cueva.
“Tengo la impresión de no poder existir más que fuera de toda pertenencia”, dice Jabès en una entrevista publicada en 1981 bajo el título “Del desierto al libro”. Cuenta que de joven solía abandonar la ciudad e internarse solo en el desierto para aprender a dialogar con el silencio.
Quizá desde entonces Jabès gestaba su visión de un exilio voluntario y permanente, así como de la palabra y el libro como depositarios de la memoria del ser errante.
“Su obra se orientó pronto hacia los grandes interrogantes metafísicos y hacia la indagación del significado del judaísmo... como imagen misma del ser humano, de su identidad y de su estar en la tierra”, nos explica Antonio Ortega en una breve reseña de esta obra.
Este pequeño libro en particular fluctúa libremente entre la poesía y el relato, el ensayo y el aforismo, la oración y la metáfora, tan lleno de interrogantes como de respuestas. A él regreso hoy otra vez en busca de aliento, a sabiendas de que el retorno no nos conduce a aquello que dejamos atrás, sino a un nuevo
encuentro.
Las palabras de Jabès salen, ahora, por mi boca: “Este lugar infinito en un lugar minúsculo es mi lugar”.
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