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El aspecto que más marca la
obra fotográfica de Luis González Palma (1957) es que nació
de la tierra guatemalteca: él, su concepto y su técnica, que
en suma es su arte.
Guatemala, turística como ninguno en Centroamérica, se
identifica también con la cultura maya, con la marginación
socioeconómica de los indígenas, con las selvas del Petén
y con la violencia político-militar.
Todo esto cabe en una foto de Luis González Palma, en uno de
los rostros reconstruidos en clave artística a través de
una técnica que produce piezas que estimulan la imaginación
de intérpretes, críticos y semiólogos.
A veces, como en la imagen de hoy, utiliza primeros planos, en los que
capta expresiones laxas, casi indiferentes, que ganan dramatismo, por
un lado, gracias a elementos escénicos, como la cinta métrica
que vemos y, por otro, gracias al tratamiento de laboratorio.
El virado es una técnica que consiste en aplicar
una solución sepia oscura a la imagen. En ésta, deja un
detalle al natural. Los ojos, que tanto para los mayas como
para San Agustín eran las ventanas por donde sale la luz del alma,
quedan resaltados, convirtiéndose en el punto que se impone, que
atrae la atención, pese al elemento de lo absurdo de la cinta métrica.
Como ésta, otras imágenes de nuestro fotógrafo
vecino son piezas con aspiraciones antropológicas y éticas
montadas sobre diversas y depuradas elaboraciones artísticas. Son
un acto político, solidario con la comunidad indígena y
confrontativo con la institucionalidad que las mantiene al margen, no
sólo las de su país, sino las del mundo.
Esta Mirada crítica llega de las principales galerías
del mundo, a la exposición que mantiene el Photo Café. No
siempre hablamos de lo que podemos ver, no lo perdamos de vista.
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