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El oro de los
dioses
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Lugar: Museo nacional de Antropología David J. Guzmán.
Fechas de exposición: Del 22 de junio al 8 de agosto
de 2004.
Piezas: 37 reproducciones, realizadas con oro de 18k por
la especializada Galería Cano, de Colombia.
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A sabiendas del hambre de oro de los “descubridores” españoles, los aborígenes de la región que hoy ocupan Colombia y Panamá, inventaron la leyenda del Dorado, una estatua gigante hecha de oro macizo que siempre estaba al sur. La leyenda logró que unos tras otros se alejaran buscando ese tesoro.
El dorado no apareció nunca. Pero oro había, en minas, y esculturas también, pero de tamaños modestos. También era cierto lo legendario, la belleza y el halo divino de cada pieza, que a partir de hoy podremos apreciar en el Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán.
“Son reproducciones, no son las originales”, aclara Fabio Torrijos, titular de la embajada de Colombia en el país, institución que ha hecho posible la exposición que han llamado “El oro de los dioses”.
“Las originales están en el Museo del Oro, del Bando de la República, en Colombia, y se comprende lo delicado de mover esas piezas, pero estas reproducciones también tienen un valor incalculable”, explica Torrijos, y señala que las reproducciones son “exactamente iguales y realmente transmiten el origen de nuestros ancestros.”
Ocho culturas de oro
Son 37 piezas, entre máscaras, aves, repujados, pectorales y emblemas, cuyas dimensiones oscilan entre 5 x 29 cm y 33 x 35 cm. Sus épocas también varían, como su procedencia: ocho culturas distintas cuyo esplendor se repartió por 19 siglos desde el año 300 a. C.
Las culturas Muisca, Tairona, Sinú y Quimbaya usaron el oro como metal sagrado para moldear figuras antropomorfas, animales o escenas cotidianas. También los tolimas, caucas, calimas y tumacos también fueron orfebres espléndidos, tanto con piezas escultóricas como con “accesorios” para vestimenta y alhajas.
El valor arqueológico y antropológico de estas piezas como depósitos de la información sobre una cosmovisión casi perdida por el proceder de los conquistadores, es incalculable.
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