Al abrir los ojos, sintió
como si algo había cambiado mientras dormía, veía
las cosas de un modo distinto, aunque no sabia el qué o por qué,lo
único diferente era que el dolor de su brazo había desaparecido.
Se levantó de la cama y examinó toda la habitación
en busca de detalles, pero aparen temente todo estaba igual: a mesita
de noche junto a la cama con su reloj y su billetera, el enorme armario
de madera de pino, la vieja pintura de un paisaje europeo y a su derecha
la pequeña ventana; y al otro extremo de la habitación la
puerta del baño y la otra que daba hacia la sala, cerradas como
siempre; el escritorio negro con algunos papeles de la oficina, la lamparita
que tenía desde el colegio y la silla frente al escritorio; no
tenía más cosas pues no las necesitaba, ya que pasaba la
mayor parte del tiempo en la oficina. El resto de la casa era una copia
exacta de la habitación, los pocos adornos que tenía se
los había obsequiado su madre algunos años antes de morir.
“Nada fuera de lugar”, pensó luego de inspeccionar
todo el cuarto desde su cama. Eran como las cuatro de la tarde.
Entonces se levantó, sintiendo una gran agilidad dentro de sí
y pensó que posiblemente era esto lo que lo hacía sentir
diferente, pero en el fondo sabía que no, aunque en realidad sí
podía tener algo que ver.
Se quedó un rato de pie, junto a la cama, y sólo entonces
volvió a acordarse del fuerte dolor que había sentido en
el brazo durante casi todo el día, tan insoportable que lo obligó
a regresar a casa. Recordó también que era la primera vez
en 5 años que pedía permiso, pues casi nunca se enfermaba.
A pesar del fuerte dolor no quiso ir a un hospital, pues los odiaba desde
pequeño. Prefirió irse a casa y tratar de descansar un poco.
Se estiró un poco; aún llevaba el pantalón negro
con el que había ido y regresado del trabajo, ya estaba bastante
ajado pero no quiso cambiarse. Decidió terminar de revisar unos
papeles que había traído de la oficina y cenar algo ligero
para poder dormir con tranquilidad durante la noche. Entonces se acercó
al escritorio y sólo entonces notó el pequeño sobre
que estaba encima del montón de papeles. Lo revisó con cuidado:
era de color gris y estaba muy bien cerrado, no tenía escrito ni
sellado nada, sólo su nombre escrito con una letra negra y elegante.
Pensó que quizá lo habría traído desde la
oficina y que si tenía su nombre debía ser para él,
entonces lo abrió con cuidado y encontró una nota de color
gris igual al sobre con el siguiente mensaje:
“Por este medio le comunicamos que usted ha fallecido el día
de hoy, pero por motivos de fuerza mayor no podemos atenderle con la prontitud
debida. Rogamos las disculpas del caso. Agente 5897.”
La frase “usted ha fallecido” quedó girando en su
cabeza y de pronto comenzó a reírse como un niño
después de una travesura.
“Debe ser alguna broma”, pensó, aunque no sabía
de quién.
“El responsable debe estar metido en algún lugar de la casa,
y más específicamente dentro de este cuarto para poder ver
mi expresión al leer la nota.” Buscó bajo la cama,
y del escritorio, dentro del armario, por todas partes, nada de nada.
Se quedó callado un momento para poder escuchar algún posible
ruido delatador, y el mismo resultado, nada de nada. Si había alguien,
no estaba en el cuarto o ya no estaba en el cuarto. Entonces se dispuso
a salir del cuarto, para, según él, encontrar a este bromista
seguramente muerto de la risa, pero un pensamiento lo detuvo en seco,
sí había alguien, ¿quién era ese alguien?
Se le ocurrió que sería bueno pensar en él o los
posibles responsables, para que cuando lo encontrase no mostrarse tan
sorprendido. Podría haber sido alguno de la oficina, esos tipos
siempre estaban buscando cómo divertirse, eran bastante ingeniosos
y decían y hacían cosas totalmente inesperadas, ésta
parecía una broma típica de ellos, pero la relación
entre él y ellos no había la confianza suficiente para que
se atrevieran a hacerle una broma así. Eran muy buenos candidatos,
pero decidió buscar otros, aunque aún no los descartó
del todo. Tenía un par de amigos a quienes les gustaba hacer bromas
de vez en cuando, pero éstas eran siempre demasiado inocentes,
no los creía capaces. Y el último sospechoso era su hermano.
Con él siempre tuvo la confianza para hacer y decir todo tipo de
cosas cuando niños y sabía que él no había
cambiado, pero su relación no estaba muy bien desde que se pelearon
por la herencia que les había dejado su madre.
Pero quizá era su forma de disculparse, así que se convirtió
en el principal sospechoso, pero de pronto una serie de dudas comenzaron
a surgir. ¿Cómo pudo entrar a la casa, si sólo él
tenía la llave? ¿Cómo sabía que estaba en
casa si nunca pedía permiso? Y sí fue a la oficina y allí
se entero… Pero ¿cómo supo que estaría dormido?
No había pensado en nada de esto, y por primera vez surgió
la posibilidad de que lo que decía el papel…una extraña
sensación le invadió.
Se acostó en la cama y trató de relajarse pero de pronto
una voz profunda, pero muy rápida le helo la sangre:
— Muy buenas tardes, soy el agente 5897, y soy el encargado de
llevarlo al otro mundo. Primero déjeme explicar…
— ¡¿Quién eres tú?! ¡¿Cómo
entraste aquí?! – preguntó el asustado hombre parándose
de un salto de la cama.
— Como ya le dije antes yo soy el agente 5897 y lo importante no
es cómo entre aquí, sino como saldrá usted.
— ¡Déjate de bromas y dime quién eres! –
y se acercó de forma violenta al agente 5897 como si quisiera golpearlo.
— ¡Deténgase, por favor! Ni se le ocurra. No vuelva
a intentar tocarme es muy peligroso. Por lo visto, aún no ha leído
mi nota.
— ¡Claro que sí! – y fue al escritorio, donde
había dejado la nota, y se la tiró.
— Lo que me temía, usted es un “caso difícil”.
— ¿Un qué?
— En mi trabajo cuando alguien se resiste al hecho de su propia
muerte entonces es una “caso difícil”. Muchos de estos
casos han sido abandonados pues han pasado de “casos difíciles”
a “casos imposibles”, usted pudo haber escuchado de ellos…cuando
estuvo vivo, por supuesto. Se le conocen como fantasmas o espíritus,
y algunos otros nombres más.
— ¿Qué? – dijo echándose a reír.
Luego lo miró muy bien de arriba a abajo: Tenía un peinado
a la antigua, y un rostro de esos que se olvidan rápido, vestía
una traje negro, muy elegante y unos zapatos muy bien lustrados, pero
lo que más le llamó la atención fue una especie de
frialdad que emanaba, no como si estuviese muerto, sino más bien
como si no estuviese vivo, entonces agregó-: ¿Sabe? Creo
qué eres un actor, uno muy bueno por cierto, contratado por alguien
para venirme a jugar esta broma, pero ya descubrí todo y la broma
ya terminó.
— Esta no es ninguna broma, usted ha muerto y mi deber es llevarlo
al otro lado.
— Entonces hazlo- dijo retándolo.
— No puedo hacerlo en contra de su voluntad, sino su espíritu
podría quedar atrapado en el limbo.
— Dime, ¿cuánto te pagaron? Te pagaré el doble
si me dices quién te contrató y le haces algo similar –
dijo, aunque desde hace mucho sus propias palabras sonaban como si no
creyese en ellas.
— ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que se levantó?
¿Una hora, dos? Pero ¿cuánto tiempo ha avanzado realmente?
Ante la pregunta el hombre se puso muy serio y corrió hacia su
reloj en la mesita de noche, las agujas marcaban las cuatro y tres minutos,
y no avanzaba. “Es la batería”, gritó. Entonces
el agente 5897 le señaló la ventana y ambos se acercaron
a ella. El tiempo se había detenido totalmente, era como una fotografía,
estaba congelado. Entonces por primera vez, tomó conciencia de
estar muerto; obviamente nunca lo había estado antes, pero simplemente
sabía que estaba muerto. Luego el agente sacó un espejo
pequeño y le dijo:
— Sólo para asegurarme- y se lo acercó a la cara,
y el hombre pudo ver lo que ya esperaba: no vio nada, no vio su propio
reflejo, estaba realmente muerto.
Se quedó totalmente callado y se sentó en la cama. Después
de un rato le preguntó al agente 5897:
— Sólo por curiosidad…¿De qué morí?
— Creo que tiene derecho a saberlo, usted murió de un infarto.
— Debí habérmelo imaginado, el dolor repentino del
brazo, aquella sensación de soledad que me perseguía desde
hace algún tiempo, además mi padre murió también
de un infarto. Sospeché que todo era cierto antes de que llegaras,
y el verte aquí sólo me aseguró las cosas, aunque
en un principio aún tenía la esperanza de… tú
sabes… estar vivo. Siempre creí que la “Muerte”
era una especie de ser vestida de negro y formada sólo por huesos,
y que se encargaba personalmente de la gente que moría.
— En un principio era así, pero cada vez había más
muertos y decidió contratar “entidades libres” que
somos nosotros, los agentes.
El hombre se veía ahora resignado y hasta contento, y al cabo
de un buen rato le dijo al agente 5897:
— Estoy listo para partir.
— Muy bien… Recuerda que le dije que no me tocará,
bueno pues, hágalo ahora – y le tendió la mano.
Y el hombre, cerrando los ojos, le estrechó la mano. Algo frío
recorrió su cuerpo y sintió como se desprendía de
él, de forma lenta, muy lenta.
Al abrir los ojos de nuevo todo estaba oscuro, no sintió su cuerpo,
se sentía muy ligero. Tenía la impresión de estar
en una especie de túnel. Llamó al agente 5897 pero sólo
le respondió el eco, estaba sólo. Vio una lucecita pequeña
a los lejos y sintió una atracción muy fuerte y empezó
a acercarse a ella cada vez más y más rápido. Y surgieron
ruidos raros, voces lejanas, imágenes de su vida frente a él.
Más ruidos. Más voces. Más imágenes. Frío,
calor, tristeza, alegría, tranquilidad, desesperación, todo
en uno. Se sintió desmembrado, partido, despedazado. La luz crecía
y lo absorbía, lo llamaba y él obedecía. Desesperación,
tranquilidad, alegría, tristeza, calor, frío, uno en todo.
La luz lo cubrió todo y lo tragó.
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