| El Certamen Las Letras Nuevas,
convocado por LA PRENSA GRÁFICA para estimular la creación
literaria entre los jóvenes del país, ha culminado con cuatro
ganadores: dos en la rama de Poesía y dos en la rama de Cuento.
Todo concurso es una mezcla de circunstancias, que van desde la calidad
objetiva de los trabajos participantes hasta el juicio subjetivo de los
jurados, pasando por todos los azares del momento. Por consiguiente, ni
los ganadores deben creerse en posesión de una credencial absoluta
ni los que no resultaron ganadores deberían sentirse descalificados
en sus primeros intentos. Lo cierto es que dos poetas en agraz presentaron
trabajos de mayor relieve, al menos según el criterio de este jurado
calificador.
En arte, juzgar es siempre una aventura. Debo decir que, en lo que a
mí respecta, revisé los materiales presentados en poesía,
que fueron muchos, con un propósito general y otro específico.
El general era calibrar las inquietudes de los más jóvenes
que se interesan por la poesía en nuestro ambiente. El específico,
ver, con pruebas mensurables, el nivel de compromiso expresivo que cada
quien pone en este empeño evidentemente inicial.
Descubrí, en la muestra -pues sólo es eso-, que los salvadoreños
veinteañeros de este tiempo que aspiran a desarrollarse como poetas
están mucho más interesados por su interioridad que por
su entorno, lo cual establece un notorio contraste con lo que se vivía
hace quince, hace veinticinco, hace cuarenta años. Y en cuanto
al compromiso estrictamente literario, también percibí que
hay más ingenuidad de expresión que en otras épocas,
acaso porque el soporte de la lectura sistemática de los clásicos
-y aquí pongo a los grandes del Siglo de Oro español, a
los maestros modernistas y posmodernistas y a los vanguardistas sustanciosos--
se ha ido perdiendo en el país, por desgracia.
El jurado dio su fallo por unanimidad, lo cual le da más fuerza
al resultado de la selección. En cuanto a los dos poetas ganadores,
personalmente me incline por el primero, Efraín Antonio Rivera
Caravantes, que amparó en el seudónimo Yin su trabajo MEMORIA
DE POEMAS, por el logro evidente de la síntesis, concebida en un
lenguaje poético de intención directa, y a la vez muy sugerente.
El segundo es otra línea: la de la imagen que busca saltar todas
las barreras, en un ejercicio heredado de las técnicas vanguardistas,
que ya se volvieron clásicas. Con el seudónimo Manú
presentó el poeta Manuel Arturo Guzmán Marenco su manojo
de poemas titulado ALGUNAS COSAS POR MENCIONAR.
Estos poetas, y de seguro algunos otros que se presentaron al Certamen,
están iniciándose, con entusiasmo y fe, en los afanes del
oficio lírico. Son voces desde luego balbucientes, como al final
lo son todas las voces, aun las de los maestros. ¿Quién
tiene la seguridad plena de la palabra, que se gobierna a sí misma,
pese a cualquier voluntad de excelencia y a cualquier seguridad de estilo?
Lo que queda en definitiva es la búsqueda que va dejando regueros
vivos de intuiciones. Lo que queda es la iluminación posible en
la nocturnidad del tiempo.
Los poetas que comienzan merecen siempre el mejor de los apoyos: el de
los ojos atentos a sus letras, el de los oídos dispuestos a recibir
sus armonías. Este Certamen, que ojalá tenga muy larga vida,
porque la literatura y sus cultores incipientes lo merecen, busca acercar
la letra de estos poetas a muchísimos ojos y la palpitación
de estas sensibilidades a muchísimos oídos. Si es así,
todos -autores y lectores- le habremos hechobuen servicio a la creatividad
nacional.
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