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‘Enjaranarse’ es un verbo pronominal, es decir, “que se construye en todas sus formas con un pronombre átono que concuerda con el sujeto y que no desempeña ninguna función sintáctica oracional”.
Esto, obviamente, desde el punto de vista morfológico, pues, desde la perspectiva semántica, ‘enjaranarse’ es una voz con dos acepciones: en El Salvador, Honduras y Nicaragua, en primer lugar, según la última edición del ‘Diccionario de la
lengua española’ (2001), es sinónimo de “endeudarse (contraer deudas y reconocerse obligado)” y solamente en Nicaragua, en segundo lugar, es sinónimo de “comprometerse (contraer un compromiso)”. Típico americanismo, no es usual al otro
lado del Atlántico, aunque sí la palabra de donde procede: ‘jarana’.
‘Jarana’, de acuerdo con la misma fuente, es un vocablo de origen incierto que tiene seis acepciones, tres de ellas formas coloquiales del español estándar: la primera describe una “diversión bulliciosa y alborotada”; la segunda refiere a “pendencia,
alboroto, tumulto”; la tercera alude a “trampa, engaño, burla”. Propias de América son, ahora, las otras tres: la primera, empleada en Costa Rica, El Salvador, Honduras y Nicaragua es sinónimo de “deuda (obligación de pagar)”; la segunda,
propia de Cuba, es la “burla que se hace a alguien, en tono de broma o chiste”; la tercera, de uso en
México, es un “instrumento de cuerda parecido a una guitarra pequeña”.
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