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Café. Es lo único que nunca falta y que siempre hay en el “Cafecito con el alcalde”; por lo demás, las sesiones suelen variar desde lo risible hasta grandes temas que ocupan grandes espacios en los medios de comunicación.
San Salvador

El aniversario del Cafecito
Óscar Martínez
gransansalvador@laprensa.com.sv

El Cafecito con el alcalde, la idea que el edil creó como “un espacio de interacción con los periodistas”, cumplió el 19 de junio su primer año, y ayer hubo celebraciones.

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El inicio no fue diferente. Eso sí, los músicos evidenciaron más el atraso. “Íbamos a tocar de 7 a 8 de la mañana, pero veo que empezaremos más tarde”, señaló uno de los marimberos del grupo Alma India. De la misma forma que varios periodistas, medio dormidos, suelen esperar unos minutos cada viernes a que aparezca el edil, se sirvan las tazas y empiece el Cafecito. Con el alcalde.

Salió Carlos Rivas Zamora. Salió también la mujer con las tazas humeantes. Los primeros sorbos espabilan a aquellos ojos dormidos de los que trabajan de preguntar. Y el alcalde está ahí para responder, aunque, a veces, la respuesta sea “no tengo nada que decir”.

Pero ayer el día era especial. Los marimberos, aún inactivos y el pastel a la espalda del alcalde indican que algo cambiaría. Pero Zamora admitió que no se trataba de esas fiestas esperadas, de las que se esperan con ansiedad. “Ni me acordaba”, confesó. La tan buscada interacción entre periodistas y funcionario se logró. Gracias a la publicación del sábado pasado, “me enteré por LA PRENSA GRÁFICA de que cumplíamos un año”.

Una vez hecha la aclaración, el edil pasó a pedir unos minutos antes de que los presentes lo atiborraran de preguntas. “El tema de esto es y será hacer una tertulia entre las dos partes”, explicó. Tertulia que se da con varios matices, como aquella vez en que, por mala ubicación geográfica, le preguntaron a Zamora sobre el traslado de una comunidad, y él no pudo más que responder que “no, porque eso queda en Ilopango”.

O las ocasiones en que, entre el agradable aroma de las tazas, bastó un cambio de letra para que la charla se tornara en discusión. Esa letra que transformó la palabra tazas en tasas. Aumentadas, por cierto.

Al fin, después de una jornada de descanso (véase sin preguntas incómodas), los marimberos recibieron la orden de tocar su instrumento. El pastel pasó a ser el centro de atención. Ante aquella obra de repostería que dejó la fachada de la alcaldía sobre el postre, no pudo faltar la broma: “Ahí faltan los portones, alcalde”, acertó una periodista. Los vendedores los arrancaron en la última marcha, y los nuevos no son muy decorativos como para gastar chantillí.

Después, ya compenetrado en pláticas con los periodistas, no faltó aquél que se le acercó al edil para pedirle tiempo: “Claro —contestaba—, de eso se trata, de un desayuno tertulia”.

Es una de las opciones. A veces, más tertulia; otras, sólo desayuno. De vez en cuando, error. Discusión o acuerdo, impertinencia o acierto. Lo único que no varía es el cafecito. Con el alcalde.



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