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Teatro con aroma a café
El programa conjugará el Barroco y el Romanticismo, la música coral con la orquestal, apacibles valses salvadoreños con las vertiginosas danzas eslavas.
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La Orquesta Sinfónica de El Salvador, el Coro Nacional y un cuarteto de músicos bajo la batuta de Irvin Ramírez trasladarán la Temporada Sinfónica 2004 a la Ciudad Heroica en el marco
de las Fiestas Julias. La cita es hoy a las 6 de la tarde en el Teatro Nacional de Santa Ana.
La cultura musical germana, latina y eslava se tomará por unas horas uno de los mejores espacios del país. El teatro santaneco posee mejores condiciones que el mismo teatro capitalino: mejor acústica y menor polución sonora. La música académica o clásica no hace uso de tecnologías de amplificación sonora y requiere de condiciones físicas idóneas para proyectar el sonido uniformemente.
Tres regiones, tres épocas
Para el programa de Santa Ana, el maestro Irvin Ramírez seleccionó una de las obras más hermosas del alemán Juan Sebastián Bach, el Concierto de Brandemburgo N.° 2. Éste es parte de una serie de conciertos tipo “grosso”, característicos del Barroco. Esto significa que están escritos para un grupo de solistas que dialogan con la orquesta en un ciclo de tres partes o movimientos.
Los solistas serán Maximiliano Martínez (violín), Francisco Castaneda (trompeta), Julio Bautista (flauta dulce) y Heriberto Pérez (oboe).
Del alemán Richard Wagner se interpretará la obertura. Así, el programa se acercará a la estética del Romanticismo del siglo XIX.
Desde otra cultura y estilo habrá números corales de ópera italiana decimonónica, donde Giuseppe Verdi tendrá la primacía. Santanecos y santanecas podrán escuchar el coro “Va pensiero” de la ópera “Nabucco” y la marcha triunfal de la ópera “Aida”.
El público seguramente reconocerá el “Va pensiero”, popularizado en una versión de un grupo mexicano hace unos años y la marcha e himno triunfal de “Aida”, la que acompaña la solemnidad de los graduandos.
Además se presentará una ofrenda al pueblo santaneco, los valses “Maquilishuat bajo la luna” de Lidia Villavicencio y el celebérrimo “Bajo el almendro” de David Granadino. Será un concierto memorable. Como el de hace 94 años, cuando se inauguró el teatro . Hoy, trajes, iluminación y costumbres son distintos. Pero la magia de la música recreada frente a nosotros no cambia.
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