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Homenaje a la nobleza del soneto
cultura@laprensa.com.sv
Los Tacos de Paco le rindieron homenaje en un “Miércoles de poesía” a un género poético clásico y noble, el soneto.
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Estas mujeres que hablan al frente son dispares en rostros y en
versos.
Hay una menor en edad y en versos, su nombre, Gabriela Padilla. Llama la atención cuando “canta” sus sonetos, pues se percibe (oh, bondades poéticas) su ambición por el ritmo.
Junto a ella, los rostros más fuertes de Claudia Herodier, Carmen González Huguet y María Cristina Orantes le rinden tributo al género llamado soneto.
“Un género noble, al que no le tengo ya ningún miedo, pero sí respeto”, nos indica, franca y breve, Carmen González.
Recorrido del tiempo
El escritor Roberto Laínez sirvió como moderador en este coloquio que tuvo de escenario a Los Tacos de Paco . Hizo, además, un pequeño análisis sobre la historia sonetista en español y criticó que se llame “soneto americano” a algunos versos de Shakespeare.
No paró de referirse a tercetos y cuartetos y fue venerado en público por Gabriela Padilla, quien lo llamó “maestro”.
Las escritoras (verdaderas invitadas de la noche) hicieron un recorrido histórico por el soneto.
Sor Juana Inés, Leonor de la Cueva, entre otras, son las estaciones a las que se hizo referencia en la noche de miércoles.
Claudia Herodier fue la primera en leer versos ajenos: “Ni aborrezco ni quiero ni desamo/Ni desamo ni quiero ni aborrezco”, cantó la poeta, pero era la voz de Leonor de la Cueva la que calaba hondo.
La noche de Carmen
Su rostro era el más blanco de la noche. Sus versos fueron los más aclamados.
Antes de arrancar aplausos con unos versos inacabados (no decía palabras enteras por la presencia de menores [y de oídos susceptibles]) y otros eróticos, Carmen González Huguet se hizo de la voz de Gabriela Mistral para hablarle al respetable.
“Gabriela Mistral se dio a conocer con estos poemas que envió a un certamen: son sus primeros poemas, ‘Los sonetos de la muerte’”, señaló la autora de “Las sombras y la luz” y “Mar inútil”, entre otros.
El soneto tuvo su noche, una noche mujer, blanca, ni muy vieja ni muy joven. Tuvo, además, cuatro nombres y un escenario que pronto cumplirá 100 “Miércoles de poesía” ininterrumpidos.
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