
|
 |

|
|
|
[ Miradas]
La vida y un libro
|
|
 |
|
|
|
 |
|
|
Un libro es un puente, es una ventana, un barco y un pasaporte para viajar en el tiempo. Es conocimiento y es placer.
Los libros, dicen los que saben, no fueron escritos para que creamos lo que dicen, sino para que indaguemos aquello que quieren decir.
Hay libros que retan la inteligencia. Hay libros que despiertan la sensualidad. O que convocan el asombro, o que golpean o exaltan el espíritu. Hay libros que nos marcan para siempre y que, como el primer amor, nunca olvidamos. Cómo temblaba mi alma cuando siendo un adolescente leí “Crimen y castigo”, de Fedor Dostoievski.
Ese libro fue mi cielo y mi infierno al mismo tiempo. Yo lo leí no como una obra de ficción, sino como un evangelio.
En esas páginas había un muchacho bueno como el agua o el pan, Rodión Románovich Raskólnikov, que asesina a hachazos a dos ancianas para robar su dinero.
No era un lobo el asesino. Era un cordero. Un joven que como yo mismo y muchos de mis amigos de ese tiempo se desvelaba reflexionando sobre el sentido de lo humano y quería obrar el bien.
¿Cómo entender semejante contradicción?, ¿cómo enfrentarse a la degradación moral de un espíritu generoso?
Ésa era la pregunta que me torturaba y entendí que también era la pregunta que torturaba a Dostoievski.
No se trataba de condenar a un asesino. Se trataba de intentar comprenderlo. Y descubrir, horrorizados, en ese intento, que ese asesino era mi doble de sombra. Era un extremo potencial de mí mismo. Al que intentaba comprender era al muchacho confuso que yo era.
Y vino la guerra. Y también yo fui un cordero sanguinario. Había que matar para redimir a la humanidad… ¿Había que hacerlo? Ésa es la Gran Pregunta, la única que vale la pena discutir y que está en el centro de la gran literatura de todos los tiempos.
|
|  |

|