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[ Columna]
¿El bardo, mujer?
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Una nueva disputa por la paternidad literaria de las obras de Shakespeare
se ha abierto. Los investigadores llevan más de 150 años poniendo
en duda que William Shakespeare —un hombre con un nivel de escuela secundaria,
como mucho— haya podido escribir algunas de las obras más grandes
de la lengua inglesa.
Pero si Shakespeare no escribió sus obras, ¿quién lo hizo? Se han propuesto docenas de candidatos, en su mayoría hombres. Pero la escritora estadounidense Robin Williams planteó recientemente en Londres (Inglaterra) que el verdadero bardo fue una mujer: Mary Sidney Herbert, la condesa de Pembroke.
Sidney es una sospechosa lógica. Hermana del poeta isabelino Sir Philip Sidney, era una de las inglesas mejor educadas de la época. Su nombre ha figurado como posible colaboradora en las obras de Shakespeare.
Mary Sidney tenía el motivo, los medios y la oportunidad de escribir las obras: animó un círculo de escritores para elevar la literatura inglesa, tenía una enorme biblioteca, dominio de idiomas extranjeros y medios para crear las obras. Sus amplias conexiones le permitieron contrabandear las obras a compañías de teatro.
Sidney como bardo resolvería toda una serie de enigmas. Explicaría por qué Shakespeare escribió sonetos de amor a un muchacho (Sidney tenía un amante más joven, Matthew Lister). Podría esclarecer por qué la primera compilación de obras de Shakespeare estaba dedicada a los condes de Pembroke y Montgomery (los hijos de Sidney). Y explicaría la elegía del Primer Folio de Ben Jonson al “dulce cisne de Avon”. Sidney tenía una propiedad sobre el río Avon y su símbolo personal era el cisne.
Un dato más. Sidney murió cinco años después de Shakespeare. Cuando sufrió una serie de pérdidas personales, las obras se volvieron más sombrías. “Todo encaja”, dice Williams. ¿Cerrado el caso? No. Los argumentos son circunstanciales, faltan pruebas.
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