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[ Euroscopio]
César y Long Beach
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Una sorpresa no sólo para mí, sino para el variopinto y multicultural
público visitante fue descubrir el universo pictórico de César
Menéndez durante la inauguración de su exposición “Hunter
of fantasies” el pasado 19 de junio en The Museum of Latin American Art
(MoLAA), de Long Beach, California.
La pintura de Menéndez (Armenia, Sonsonate, 1954), con materiales que van del óleo al acrílico, invoca líricamente la historia de sus señas de identidad –la infancia perdida y su país en llamas, en un viaje fantasmagórico que va, según lo escribe Carol Damian, de la visión a la alucinación, de la realidad al sueño.
César Menéndez no olvida, con Goya, que el sueño de la razón puede llegar a producir monstruos.
La exhibición de Long Beach hace énfasis en su reciente producción y los títulos de sus
cuadros sugieren una riqueza narrativa plasmada en una original y bien lograda gama del chiaroscuro.
“La beata de San Antonio”, “El gran circo”, “Canción al silencio o tiempo” (de la serie “El tren”) son sólo algunas de las estaciones de esta maravillosa muestra que podría catalogarse como un aprendizaje de la muerte, uno de sus temas más recurrentes.
La pintura de este gran artista salvadoreño, que se proclama tanto admirador de Julita Díaz, una de sus maestras, como de Francis Bacon, es un homenaje al tiempo.
Y el tiempo en la obra de César Menéndez también se llama mito, pues refleja las palabras y las historias de la tribu.
Así lo expresa el crítico mexicano Gregorio Luke, director del MoLAA, en el catálogo de la muestra: observar las pinturas de Menéndez es como introducirse en un sueño, una exploración de lo consciente a lo subconsciente; su arte posee la belleza del misterio y la riqueza de la ambigüedad, pues cada uno de sus cuadros es una invitación a soñar y a volar.
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