La pieza representada es la figura de uno de los principales dioses de las
culturas prehispánicas americanas, Tláloc, dios de la lluvia,
célebre entre los fanáticos del “Cipitío”.
La cerámica utilizada es conocida como plomiza, que se cocía a temperaturas altísimas y que tiene un sonido metálico (como el plomo quizá) al
chocar contra algún instrumento, o al contacto con las uñas. De ahí se puede inferir que proviene su
nombre.
Más de la cerámica
La mayoría de estas piezas hechas a base de cerámica plomiza proviene, en El Salvador específicamente, del sitio arqueológico de Loma China, en Usulután. Ahí también se develó una variedad de productos cerámicos hechos bajo las mismas tendencias estilísticas.
Sin embargo, en la Colección Nacional (propietaria de esta imagen de Tláloc), del Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán, tiene como dato de procedencia únicamente “El Salvador”.
“Este estilo de forjar así la pieza, junto con el modo de crear la cerámica, es propio del valle central de México, aunque también tenía asidero las costas del oceáno Pacífico. En El Salvador se retoma todo esto”, dice Jorge Mejía, museólogo del David J. Guzmán.
La cerámica plomiza se caracteriza por ser de pasta densa y fina; su superficie es lustrosa y pudo llegar a tener colores entre verde olivo, gris y anaranjado.
Su amplia distribución, comenta Mejía, no sólo alcanzó la zona maya, sino también otras civilizaciones del centro de México.
Su emigración a El Salvador y a Centroamérica tiene que ver con esta expansión del arte.
Tláloc y sus detalles
Las orejeras y las anteojeras de
esta pieza (propias en las representaciones de Tláloc) están en buen
estado, y las facciones de la figura antropomorfa tienen un nivel de
detalle impresionante, sin alteraciones de tiempo ni intervención
humana (en el sentido lato de la
expresión) considerable.
La pieza pertenece al período Postclásico Temprano (que va de 1200 a 1600 d.C.).
Pudo servir para intercambio
religioso y cultural en festividades diversas.
Unas anteojeras sobresalen como elemento notorio en la estética de la pieza de Tláloc. Son constantes en las representaciones del dios de la lluvia.
Una especie de orejeras tiene pieza de este Tláloc (igual a otros de esta deidad), pero éstas caen abajo de las orejas y hacen parecer raros estos detalles .
La abertura de la parte superior denota la utilidad de esta representación: quizá transportaba líquidos. El intercambio como regalo es una posibilidad.
ESTANTE
En la Feria Internacional de Libro y Material didáctico encontrará:
Inquieta compañía
Carlos Fuentes
¿Es vida este paso entre la cuna y la tumba? El escritor mexicano
dedica menos de 300 páginas para responder y lo hace desde seis
diferentes historias El amante del teatro, La
gata de mi madre, La buena compañía, Calixta
Brand, La bella durmiente y Vlad.
Expone respuestas insospechadas ante los infinitos recursos de la muerte.
El talismán
Stephen King y Peter Straub
Acá tenemos una historia de ciencia ficción. Es la del
joven Jack Sawyer que para salvar a su madre moribunda deberá emprender
el viaje más alucinante y peligroso de su vida. Sawyer tendrá
que vencer a un ejército de fuerzas diabólicas en su trayecto
a un universo paralelo, fantástico y alucinante. Su objetivo: hallar
un objeto redentor de su madre y de su propia vida: un talismán.
Los latinoamericanos y Occidente
Carlos Montaner
Este libro del cubano Carlos Alberto Montaner surgió de un ciclo
de conferencias dictado en varias universidades de América. En
421 páginas de prosa clara se desentierran los más profundos
y remotos orígenes de la cultura iberoamericana. Describe cómo
y por qué nuestras ciudades tienen determinado perfil, lengua,
religión, literatura, arte o sistemas de gobierno.
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