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Los portugueses se están preparando para vivir otra fiesta en la Eurocopa, su Eurocopa.
La fiesta se deja sentir
Lisboa/AFP
deporte@laprensa.com.sv

Los portugueses han anticipado la fiesta y en la víspera han vestido la ciudad de rojo. Lisboa está loca.

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Echarpes (chales) al viento, banderas en edificios y autos, coros cantando “Portugal, Portugal, Portugal” y el himno nacional son el reflejo de la ola patriótica que fue creciendo en el país anfitrión de la Eurocopa de fútbol, hasta una altura jamás imaginada, en la víspera de la final contra Grecia, hoy.

Los portugueses respondieron masivamente al pedido del seleccionador brasileño Luiz Felipe Scolari de enarbolar la bandera roja y verde. En cada victoria manifestaron, con entusiasmo en aumento, su orgullo nacional.

Hombres, mujeres, niños, todos contagiados por la euforia de la Eurocopa, incluidos a los que el balompié los deja indiferentes.

“Nunca entendí cómo les puede gustar el fútbol. Pero por supuesto que daré todo mi apoyo a nuestra ‘selecçao’, porque es el orgullo nacional el que está en juego”, afirmaba Gracia Carvalho, quien el miércoles pasado salió con su familia a las calles de Lisboa para festejar la histórica victoria en semifinal contra Holanda.


No queda nada

En las últimas semanas los portugueses arrasaron con cuanta camiseta o bufanda con los colores de la selección, además de la bandera nacional, se ponía al alcance de sus manos, hasta agotar el stock. Un supermercado vendió así más de un millón de banderas.

“Esta pasión revela un nacionalismo banal que nada tiene de nuevo”, estima Joao Nuno Coelho, un sociólogo portugués especializado en comportamientos relacionados con el fútbol.

“Los portugueses nunca pusieron en duda su identidad nacional, pero su nacionalismo se muestra con más fuerza en ocasiones como esta”, explica.

Coelho señala que con Portugal en la final “es mucho más fácil reivindicar la identidad portuguesa. Pero si hubiera sido eliminada en la primera fase, me pregunto si las banderas no hubieran ido a parar a los cajones”.

El mismo presidente portugués, Jorge Sampaio, saludó este resurgimiento patriótico. “Talvez necesitábamos algo que nos hiciera vibrar después de meses y años sin alegrías”, fue su comentario, haciendo alusión a la crisis económica.



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