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[PORTADA]
Explosión cultural EN SANTA ROSA DE COPÁN

La casa de la cultura de Santa Rosa de Copán, en Honduras, es un paradigma bastante cercano a El Salvador. Una visita por sus instalaciones nos da, de primera mano, un amplio panorama sobre el grado cultural de calidad alcanzado en la ciudad.


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Programas de formación artística

BALLET

Inició en 1997. Tres años más tarde se remodeló y adecuó un salón con fondos de la Sociedad de Padres de Familia y del Ministerio de Cultura y Deportes. Actualmente tiene matrícula de 47 alumnas cuyas edades oscilan entre los seis y los 17 años.

ORQUESTA JUVENIL

Comenzó como parte del Programa de Orquestas y Bandas de Honduras que el Ministerio de Cultura y Deportes impulsó en tres ciudades en 1997. Funciona permanente desde 1998. Ese año recibió la donación de un lote de instrumentos de viento y

percusión de parte del ministerio y se

firmó un convenio con la municipalidad de Santa Rosa de Copán para asegurar la

sostenibilidad.

TEATRO

Fue una iniciativa de la alcaldía, el PNUD, la casa de la cultura, el Grupo Cultural Copaneco y el Comisionado Regional de los Derechos Humanos. Con este proyecto se pretendían impulsar nuevas formas de comunicación social.

BIBLIOTECA INFANTIL

Financiado por el Club Rotario de Alberta, en Canadá. Se inauguró en 2000. Para su funcionamiento se firmó un convenio de cooperación con la municipalidad. Al estar adscrita a la Red de Bibliotecas Públicas Municipales recibe material bibliográfico y asistencia técnica de la Biblioteca Nacional de Honduras.

PROYECTO AULA MENTOR

Este proyecto pretende brindar una alternativas de educación no formal a jóvenes por medio de internet.

MOTIVACIÓN ARTÍSTICA

Talleres de dibujo, pintura o

manualidades.

Una carretera que serpentea las montañas del occidente hondureño nos lleva a una ciudad que casi pasa inadvertida ante los ojos de los viajeros: Santa Rosa de Copán. El interés de conocer directamente el potencial cultural de esta afamada ciudad nos hizo acercarnos y descubrimos que no se trata de simples elogios. Santa Rosa vive a diario la cultura y el arte.

Una de las entidades responsables de que los habitantes vivan inmersos entre el teatro, la lectura, la danza o la música es la casa de la cultura.

Honduras es un país que pese a su gran extensión territorial cuenta con escasas instituciones de promoción artística. Sólo tiene 15. Pero la casa de la cultura de Santa Rosa destaca. Es la que más frutos recoge de los programas y gestiones que lleva a cabo.

Un amplio caserón en el centro histórico de la ciudad –declarado Monumento Nacional– alberga desde 1987 la casa de la cultura.

Hace 10 años, pese a existir claras políticas de funcionamiento, la casa de la cultura apenas ocupaba una parte del local. El resto del área está destinada a talleres de oficios varios, como corte y confección.

Cuando Patricia Bueso toma dirección de la casa de la cultura, en 1994, se priorizaron otros objetivos. El espacio se dedicó a actividades exclusivamente de orden artístico y cultural.

Este cambio de visión hizo del recinto un semillero de talentos, que se ha vuelto un orgullo para sus habitantes. Ha logrado obtener la credibilidad de la ciudadanía, la municipalidad y de diferentes organismos internacionales que participan en actividades propuestas por la institución.

“Porque contamos con mejores condiciones (un buen edificio) tenemos más compromisos. Además, no todas las ciudades tienen la suerte de tener un alcalde como el que tenemos nosotros, muy sensible a la cultura”, señala Bueso.

La línea definida de esta casa de la cultura se encuentra más enfocada a la formación artística y a la promoción del desarrollo cultural local. Una de sus mejores cartas de presentación son las agrupaciones teatrales. De hecho, el teatro es el proyecto más antiguo y el que más ha dado a conocer a Santa Rosa en Honduras y el resto de Centroamérica.

No pueden quedar atrás el grupo de ballet, la orquesta juvenil, la biblioteca general, infantil y bebeteca, el proyecto aula mentor (cursos de instituciones españolas para jóvenes a través de Internet), las clases de francés y los talleres de motivación artística.

Participación de la comunidad

Seleccionar a alguien capaz de dirigir un espacio que retomara lineamientos culturales no fue fácil. Bueso manifiesta que fue nombrada directora en 1994 por el ministro de Cultura de aquella época, Rodolfo Pastor, quien asesorado por varios artistas plásticos de Honduras, la eligió para llevar adelante esta tarea.

La maestra de artes plásticas con estudios en Bellas Artes aceptó el reto “por las buenas”. Es decir, Pastor ni siquiera le dio oportunidad de pensar en el cargo, más bien se lo impuso. “(Aceptar el cargo) es una obligación para el país.”

Bueso aceptó el cargo ad honores. Para esa época no había políticas para una casa de la cultura. “Me encontré con un salón muy grande y una enorme responsabilidad.”

La directora recuerda que Pastor decía que las casas de la cultura “deben ser municipales”. Y fue a partir de esa gestión ministerial que las alcaldías comenzaron a firmar convenios con estos centros culturales.

Después de cuatro meses trabajando ad honores, Bueso recibió un contrato como empleada pública y desde entonces está al frente de la casa de la cultura más grande de la nación vecina.

El edificio que alberga el espacio cultural es propiedad del Estado. Inicialmente estaba habilitado parcialmente. Luego de que Bueso tomó la dirección, la estructura –declarada Monumento Nacional en febrero de 1987– fue remodelada y sometida a una reubicación de espacios.

Estos constituyeron los esfuerzos primarios. Ahora es un edificio de dos niveles con diferentes salas, entre ellas un teatro bien equipado con capacidad para 150 personas.

Por suerte existía el Grupo Cultural Copaneco, conformado por mucha gente de la empresa privada, el cual respaldó la iniciativa de Bueso.

Esta agrupación tuvo mayor interés en el teatro, por lo que decidió apoyar la rehabilitación del auditorio que se encuentra en el segundo nivel. “Lo que ellos (el grupo) hacían era recolectar dinero y nos lo proporcionaban. Así comenzó también el trabajo de la biblioteca, otro de los primeros proyectos”, señala Bueso.

Tanto el apoyo del Grupo Cultural Copaneco como el de los habitantes de Santa Rosa ha sido decisivo para alcanzar un resultado de calidad en los diferentes programas.

La alcaldía también se ha involucrado y brinda un apoyo esencial; junto con la comuna y la comisión turística de la ciudad existe, desde hace dos años, el proyecto cultural “Santa Rosa vive el arte”.

La formación artística

Si bien la formación artística es el rubro más fuerte, es el que más ha sufrido a lo largo de los años. El hecho de encontrar maestros permanentes para impartir las diferentes disciplinas artísticas es aún uno de sus mayores retos.

El interés de este centro no es expresamente formar artistas profesionales, sino permitir que tanto niñas, niños y jóvenes descubran sus talentos, su vocación artística –por medio de programas sistemáticos– y comiencen a trabajar en áreas de su agrado que les permitan mostrar lo aprendido en algunas producciones.

Bueso no es del criterio que una casa de la cultura únicamente imparta talleres aislados, sin continuidad. “Esos talleres cuestan muchísimo dinero, pero no dejan nada. Debe haber proyectos más permanentes, que den una formación más integral. A nosotros nos ha funcionado, lo decimos por experiencia propia.”

Sin ir muy lejos, el proyecto teatral surgió a raíz de una idea del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Honduras junto al Comisionado Regional de los Derechos Humanos y la casa de la cultura, el cual contempló la creación de una agrupación teatral cuyas presentaciones estuvieran destinadas a educar a la población copaneca en temas de salud pública.

Para ello contrató a Sandra Herrera, una ex bailarina de danza con experiencia también en teatro. El período de formación de jovencitos constaría de apenas tres meses.

“Era imposible formar un grupo de teatro en tres meses. Vimos cómo se podía dar continuidad a este proyecto y aquí estamos, cinco años después”, sostiene Herrera.

El esfuerzo para sacar adelante dos agrupaciones tiene eco también con el Gobierno de Finlandia, el cual ahora patrocina clases de teatro en los barrios de Santa Rosa, donde jóvenes ya formados imparten clases a los chicos.

Como expresa la directora, cada proyecto encuentra una entidad que lo estimule, materialmente hablando. El personal de la casa de la cultura no centra sus esperanzas en el presupuesto gubernamental, que sólo alcanza más que para pagar cuatro empleados (aunque en la práctica trabajan más de 20), dar mantenimiento al local y proveer material y equipo de oficina.

En una década, la casa de la cultura de Santa Rosa se ha vuelto pequeña para toda la demanda. Las salas no dan abasto para tantos cursos y se dificulta realizar exposiciones de artes visuales. Mucho menos hay espacio para crear un museo, como lo sugiere la comunidad.

   
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