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Lo que antes se levantaba al cielo en medio de Apaneca (Ahuachapán) ahora está en el suelo, en ruinas y con un futuro incierto. Se trata de la iglesia de San Andrés Apóstol.
El templo fue erigido en 1798, de acuerdo con los apuntes de Historia Patria Eclesiástica, de monseñor Santiago Vilanova. Era considerado un bien cultural. Formaba parte del patrimonio nacional. Estaba catalogado como un emblema de la cultura colonial del país, pero los
movimientos telúricos de 2001 y la intervención humana hicieron de las suyas. El templo se redujo a escombros.
El párroco de Apaneca, Óscar Lagos, asume el derrumbe. Se escuda en el hecho de que las estructuras de la parroquia habían cedido desde el terremoto de 1955, que tuvo su epicentro en Guatemala. Para conservar la estructura, agrega, los ingenieros de esa época colocaron
concreto. Con los sismos de 2001 los soportes de la fachada colapsaron.
La parroquia, la municipalidad y la gente del pueblo decidieron la suerte del templo en una reunión. Hay que derribarla, fue la sentencia. La iglesia desapareció en mayo de 2001, tres meses después de los terremotos.
Otras ciudades como Sonsonate, Nahuizalco y Apopa los templos también resultaron con templos cuarteados por los movimientos sísmicos. Pero no optaron por la vía de la demolición. Hicieron lo posible para proteger las edificaciones coloniales. Y lo lograron.
Con la desaparición del templo católico de Apaneca no sólo ha quedado un agujero arquitectónico, también ha modificado los rituales, ahora las misas se celebran en la casa comunal del pueblo. Y toda la imaginería católica, algunas con más
de 300 años de antigüedad, está almacenada en los pasillos de la casa parroquial, a la espera de que se alce un nuevo templo.
La demolición, la reconstrucción o la construcción de la iglesia de Apaneca debió seguir un procedimiento. Se tuvo que pedir opinión a especialistas en restauración y el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA) debió supervisar
las obras. Pero en la práctica, esto existió a medias.
CONCULTURA vino (a Apaneca), pero no nos apoyó. No pudimos rescatar la iglesia, alega el alcalde Osmín Guzmán.
La directora nacional de Patrimonio Cultural, de CONCULTURA, María Isaura Arauz, asegura que hicieron lo que les correspondía. Nuestra obligación en ese momento fue ver el inmueble, señalar el estado en que estaba y dar las recomendaciones. Se cumplió
con eso. La sorpresa fue que de la noche a la mañana el templo había sido derrumbado, explicó.
CONCULTURA otorgó un millón de dólares para que las 126 iglesias que resultaron dañadas hicieran obras de apuntalamiento para evitar la destrucción. Apaneca recibió ese dinero. Pero luego lo devolvió.
Derrumbe inminente
Documentos de la parroquia de Apaneca establecen que CONCULTURA declaró en condición grave el estado de las estructuras del templo.
Sólo nos dijeron que esperáramos. Esperamos, y no llegaron (gente de CONCULTURA), dice el padre Lagos.
Como las bases del templo quedaron completamente dañados, los vecinos temían que un desplome sin previo aviso terminara dañando la escuela pública y la escuela parroquial de Apaneca.
Preferimos salvar vidas. Si la iglesia caía sobre los niños iban a culpar al sacerdote por negligente, justificó el párroco.
En múltiples ocasiones, padres de familia y maestros protestaron por el riesgo que representaba el templo dañado. Por ello acordaron derribarla.
El pueblo (de Apaneca) decidió a través de la iglesia católica botarla (luego del consenso con la población). No lo pude detener. No me quise meter, no por no tener autoridad, sino porque necesitábamos un especialista para ver qué se hacía,
pero no hubo nadie, aseveró el alcalde.
La evaluación que hizo CONCULTURA llegó luego de la demolición. No están claros los motivos que dieron origen a la decisión de demoler el recinto. Desde el punto de vista estructural, podía haberse rehabilitado, sentenciaba una nota de la
oficina de gobierno.
En todo caso, las estructuras centenarias de un templo que formaba parte de la historia nacional ya están en el suelo, sólo quedan unas cuantas rocas como muestra de un monumento.
En medio de los argumentos de los involucrados, Apaneca está sin iglesia y El Salvador con un monumento histórico menos.
En el terreno donde fue construida la iglesia de San Andrés Apóstol, a finales de 1700, ahora sobresale nada más el embrión del nuevo templo. Una edificación neocolonial que pretende hacer la parroquia, pero para lo cual necesitan un millón de dólares,
dinero que están recaudando con actividades promovidas por la comunidad.
Ley educadora
El Estado tiene un instrumento legal para salvar de la destrucción de los bienes culturales, se trata de la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural; sin embargo, hasta ahora no se ha aplicado del todo. La directora de Patrimonio Cultural adjudicó la falta de utilización
de la legislatura: Hemos decidido hacerlo de forma más educativa que punitiva.
Y es que en el caso de la iglesia de Apaneca, que fue derribada en medio de un caos social causado por los terremotos, Arauz asegura que no convenía presionar de forma punitiva.
Por ello, solamente enviaron misivas al párroco para anunciarle el mal que había hecho al derribar el recinto religioso. No podíamos presionar al párroco porque estaba en medio de una crisis social, estableció Arauz.
Ya pasaron tres años de los terremotos y el embrollo que causaron ya se disipó, pero en la mente de la entidad responsable de vigilar por el patrimonio no está contemplado establecer un castigo ni catalogarlo como delito.
Hemos tenido mejores resultado buscando la educación, tenemos ahora que tienen un sentido de apropiación y protegen más al patrimonio. No tenemos más casos como el de Apaneca, afirmó Arauz.
Luego de este caso, sucedido hace tres años, ¿será que la población entendió y se educó con la ley?
Proyecto ambicioso
La parroquia de Apaneca pretende construir un majestuoso templo en el lugar que ocupaba la iglesia centenaria.
La edificación del templo costará nueve millones de dólares. Para recaudarlos, la parroquia realiza actividades y reciben la ayuda de personas altruistas.
Será una iglesia al estilo neoclásico, diseñada por el arquitecto Julio Nájera, decano de la Facultad de Economía de la Universidad Católica de Occidente.
Al ser vista desde la altura, la cúpula principal asemejará una corona que está sobre Apaneca.
Las entradas de luz están diseñadas para que todo el día ingrese luz solar en el templo.
Inicialmente el proyecto estaba programado para que terminara en 18 meses; sin embargo, ya contabilizan 14 y sólo tienen el 24 por ciento construido debido a la falta de fondos.
La cruz principal exterior del recinto, colocada en la fachada, empalmará con una que está ubicada en la sierra de Ilamatepec.
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