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Un boletín informativo de la Sección de Comunicaciones de la Corte Suprema de Justicia, con fecha 21 de mayo de 2004, anunciaba la asistencia de tres magistrados salvadoreños a una reunión preparatoria en la República Federal de Brasil de la VIII Cumbre Iberoamericana
de Presidentes de Cortes Supremas y Tribunales Supremos de Justicia que se celebraría un mes después en nuestro país. Y ciertamente se celebró, por lo que nos ha costado a los contribuyentes, con una gran chonguenga.
Chonguenga, de acuerdo con la última edición del Diccionario de la lengua española, de 2001, es un estricto salvadoreñismo sinónimo de fiesta (reunión de gente para celebrar algún suceso, o simplemente para divertirse).
Ignoro si los señores presidentes de cortes y tribunales supremos eran perfectamente conscientes del suceso que celebraban, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que se divirtieron con la nada despreciable suma oficial de 60,000 dólares. Entonces he pensado que la chonguenga
se convirtió en changoneta, por recurrir a otro de nuestros más señeros vocablos.
Changoneta, según la prestigiosa fuente arriba citada, es un término que compartimos hondureños y salvadoreños, y que es sinónimo de broma (burla), porque si bien es probable que tal cónclave haya sido necesario o ineludible, lo
incuestionable es que gastarse tal cantidad en vinos, whiskys y rones, entre otras delicatessen, no causa a ciudadanos ilustrados ninguna gracia.
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