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Franklin Rivera, Meco, se convirtió
ayer en protagonista involuntario de uno de los episodios de violencia que
él tantas veces ha captado con su cámara.
Cumpliendo con su trabajo, fue agredido con una roca de gran tamaño
que le abrió una brecha en la cara que sólo pudo ser cerrada
con cinco puntos de sutura. Lo irónico del caso es que tuvo suerte.
Si el golpe hubiese sido tres centímetros arriba, le habría
dado en su ojo izquierdo.
Curtido en mil batallas, Rivera ha querido restar importancia al asunto
señalando que fue una piedra suelta la que lo golpeó.
El problema radica en que haya piedras sueltas volando por
el Centro Histórico, algo que se está volviendo demasiado
habitual en las últimas semanas.
Es hora de que todas las instituciones y colectivos involucrados comiencen
a trabajar para que no se repitan escenas de violencia. Es la imagen que
Meco quisiera fotografiar.
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