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Parte de la obra
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Muchos de los títulos de Masferrer fueron (y son) de obligatoria lectura en el sistema educativo nacional. Aquí, algunos de los nombres de los textos del poeta.
Páginas (1893)
Niñerías naderías (1900)
Leer y escribir (1915)
Pensamientos y formas (1921)
El dinero maldito (1927)
Mínimun vital (1929)
Helios (1928).
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Tuvimos algún día el vicio de escribir. Tuvimos algún día el talento, las ganas y las motivaciones (éstas últimas, aún en veremos).
Por ahí resultaron algunos nombres en esto de las letras y fuimos testigos de ese Salarrué (a quien algunos “doctos” llaman “padre [o abuelo] del realismo mágico”), de Alfredo Espino y otros tantos.
Pero antes de estos Gulliveres, hubo un muchacho cuyas letras aún prevalecen, para bien y/o para mal, en las mentes nacionales: Alberto Masferrer.
Estudiémoslo
De las figuras de antaño se ha hablado hasta la saciedad. Y hay de todo en este hablar.
Alberto Masferrer no es la excepción.
El poeta y narrador tuvo célebres anotaciones de otros escritores y, para su desdén, la de Roque Dalton (N. de R.: con un su repertorio de críticas también en la espalda) es una de las más recordadas.
“Viejuemierda” tituló Dalton uno de sus poemas en el libro “Las historias prohibidas del Pulgarcito”, satirizando al que David Escobar Galindo reconoció alguna vez (en el “ Índice antológico de la poesía salvadoreña”, de la UCA) como uno de los pilares en los que descansó nuestra literatura en el siglo XX, junto a Gavidia y Ambrogi.
Matilde Elena López describió a Masferrer, en el texto “Biografía tentativa de Alberto Masferrer”, como buhonero (vendedor ambulante), escribiente, profesor de una cárcel en la isla de Ometepe, en el lago de Granada, y de otros tantos oficios.
A él, sin embargo, se lo recuerda más por su obra literaria que por otra cosa (las letras quedan...).
Más de cerca
El escritor, autor de obras clásicas salvadoreñas como “El dinero maldito” (1927), “Mínimun vital” (1929), entre otras, nació en Tecapa (hoy con el nombre de Alegría), Usulután , el 24 de julio de 1868.
Algunos de sus libros han sido parte de la enseñanza diaria en el sistema educativo nacional y posee un currículo envidiable.
Se desempeñó como director del “Diario Oficial”, fue secretario del Instituto Nacional (1900), asesor del Ministerio de Instrucción Pública (1916, durante el gobierno de Carlos Meléndez); fue periodista, ensayista y ejerció cargos diplomáticos para El Salvador en Costa Rica, Chile, Argentina, Bélgica, etc.
Por ello, aunque los vestidos se les rompan a algunos (de todo hay), la figura de este personaje nacional no puede pasar de largo.
La data de su muerte se fija en el 4 de septiembre de 1932; y hoy, a 136 años de su natalicio, las letras nacionales no tienen más que rendirle tributo a Vicente Alberto Masferrer Mónico, o “Lutrin”, como algunas veces prefirió ser llamado.
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