
|
 |

|
El ejercicio de
racionalidad política
La clave está en escuchar opiniones y criterios tanto de los amigos como de los adversarios. |
|
 |
|
|
|
 |
|
|
La problemática nacional es muy compleja, y sólo puede abordarse con efectividad y sostenibilidad si se establecen mecanismos funcionales, razonables y realistas de entendimiento político. Desde la toma de posesión hace ya casi dos meses, la actitud ha sido abierta y espontánea en el acercamiento a diversos sectores políticos, empresariales, sociales y académicos; esto, desde luego, constituye un franco contraste con lo que ocurría en la administración anterior, que se fue encastillando cada vez más, hasta límites sin precedentes en la historia reciente del país.
Hay muchas mesas abiertas, para tratar temas diversos de la agenda nacional, y también hay una mesa de gobernabilidad, en la que participan sólo los partidos, con el propósito de entenderse sobre asuntos fundamentales de la agenda nacional. Todas estas iniciativas son muy alentadoras, pero hay que tener cuidado en diferenciar las distintas naturalezas de los esfuerzos. Las mesas sobre temas concretos siempre fluyen con más facilidad, porque además hay representaciones variadas sobre cuestiones muy puntuales.
Una mesa de gobernabilidad, en cambio, tiene que enfrentar, naturalmente, las constantes pruebas de fuerza entre los partidos; y en esa mesa hay que entender que los problemas deben resolverse según los intereses del país pero de tal modo que todos los integrantes puedan “salvar la cara”. Ahí no puede operar, por ejemplo, la aritmética que opera, mal que bien, en la Asamblea.
Cuando se entra en una fase dialogante y concertadora, como plausiblemente vemos hoy en el país, hay que tener, por parte de todos, mucha voluntad, mucha coherencia y mucho aguante. Al irse abriendo los cerrojos,
casi siempre artificiales, se logran buenos resultados.
Escuchar las opiniones de todos
El presidente Saca, en su campaña electoral itinerante, acuñó algunas frases emblemáticas. Una de ellas decía que para poder gobernar hay que saber escuchar. Eso, dicho en una campaña, no pasa de ser una frase feliz; lo importante
es convertirlo en realidad, ya desde las difíciles y normalmente perturbadoras realidades del ejercicio del poder. El actual Presidente luce, sin embargo, decidido a preservar su estilo. Ojalá que sea así, porque sería muy ilustrativo de la autenticidad que requiere la
función pública conductora. Hemos visto casos de personas que han llegado al poder con aureolas espirituales y que luego han desnudado su verdadera naturaleza de craso y frívolo materialismo.
Uno de los gestos más elocuentes de Tony Saca en estos primeros dos meses de gestión ha sido la invitación a los tres anteriores gobernantes para conversar, escuchar sus opiniones y recibir sus consejos. Esto no se había hecho nunca antes, y menos con conocimiento público. Aprovechar la experiencia acumulada es un signo inequívoco de buen juicio.
Escuchar es decisivo para la compleja tarea de gobernar. En todo, pero principalmente en política gubernamental, la clave está en escuchar opiniones y criterios tanto de los amigos como de los adversarios. Eso es lo que más cuesta desde las posiciones elevadas del poder, donde se forman anillos aisladores que llevan a que muchos gobernantes lleguen a creer que están “en el reino del pájaro y la nube”. Confiamos en que Tony Saca sabrá defenderse bien de esas malignas tentaciones. El país y el proceso se lo agradecerán.
|
|  |

|