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Conferencia sobre el VIH/sida
Enemigos de la lucha contra el sida
vivir@laprensa.com.sv
Falta de fondos amenaza con hacer fracasar la lucha contra el sida. |
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La Conferencia Mundial sobre el sida celebrada esta semana en Tailandia puso en evidencia el enorme peligro de que la batalla contra la aún incurable enfermedad termine en un fracaso si no se incrementan drásticamente
los fondos destinados a la lucha contra la “epidemia del siglo XXI”.
Según cálculos de ONUSIDA, la organización de las Naciones Unidas para la lucha contra el sida, se necesitarán en el año 2005 al menos 12 mil millones de dólares para luchar de forma exitosa contra el virus de la inmunodeficiencia adquirida (VIH) en los países en desarrollo, donde vive el 95 por ciento de los infectados y, a partir de 2007, hasta 20 mil millones de dólares anuales.
Sin embargo, ONUSIDA estima que las donaciones al Fondo Global para la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, creado en 2001 a iniciativa del secretario general de la ONU, Kofi Annan, sólo reunirá para el año 2007 unos 10 mil millones de dólares, el 60 por ciento de los cuales se destinaría a combatir el VIH.
Tan sólo para el próximo año existe el riesgo de un déficit de 6 mil millones de dólares, advirtió recientemente el director de ONUSIDA, Peter Piot, ante 19 mil delegados que participaron en la XV Conferencia sobre el Sida en la capital tailandesa, Bangkok.
Aunque las donaciones a escala mundial para la lucha contra el sida se quintuplicaron desde el año 2000, pasando de un mil 200 millones de dólares a una cifra actual de 6 mil millones de dólares, los fondos disponibles sólo suponen la mitad de los recursos necesarios.
Compromisos de Estado
Estados Unidos, cuyo Gobierno se precia de ser el que más fondos aporta a la lucha global contra el sida, se comprometió a destinar a ese fin 15 mil millones de dólares durante cinco años, pero sólo apoya al Fondo Global con una pequeña parte de esta suma, destinando el resto a un grupo reducido de países seleccionados unilateralmente por Washington.
La política financiera de Estados Unidos en la lucha contra el sida fue duramente criticada por numerosos activistas y representantes de organizaciones no gubernamentales en la conferencia de Bangkok, que exigieron que el gobierno del presidente George W. Bush duplique su ayuda, hasta 30 mil millones de dólares, y destine la mayor parte de este dinero al Fondo Global.
Por su parte, el presidente de Francia, Jacques Chirac, propuso que la Unión Europea, el segundo mayor donante, aporte un mil millones de dólares anuales, pero esta cifra queda muy por debajo de lo que pide el Fondo Global, que quiere que la UE cubra un tercio de los fondos necesarios, es decir, 3 mil millones de dólares en 2004, 4 mil millones en 2005 y unos 7 mil millones a partir de 2007.
El secretario general de la ONU advirtió en Bangkok que la epidemia del sida amenaza con aniquilar todas las perspectivas de desarrollo económico y social en África, el continente más pobre del planeta
“Los hombres no quieren compartir su poder”, afirmó Stephen Lewis, enviado especial de ONUSIDA en África, donde la epidemia se ha propagado en los últimos años velozmente entre las mujeres, que ya representan el 48 por ciento de todos los infectados.
La desigualdad y represión sexual que sufren millones de mujeres africanas fue invocada por muchas delegadas de la conferencia para criticar como irrealista la política de Estados Unidos de promover la abstinencia sexual y la fidelidad matrimonial más que el uso de los condones en la lucha contra el sida, que el año pasado causó 2.9 millones de muertes en el mundo, con 38 millones de infectados.
Además, muchos delegados condenaron vehementemente al gobierno de Bush por apoyar los intentos de las compañías farmacéuticas multinacionales de mantener el monopolio sobre sus patentes, lo cual obstaculiza la fabricación de fármacos genéricos, más baratos.
De esta manera, Estados Unidos, una vez más, se convirtió en el blanco de las críticas en un foro internacional dominado por representantes del Tercer Mundo que acusan a la superpotencia mundial de defender siempre sus propios intereses, incluso a expensas de millones de enfermos en los países pobres.
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