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Ésta es una carta abierta para nuestra selección de fútbol. Estimados jugadores, ustedes saben que la afición está molesta por la forma en que han jugado últimamente, perdiendo hasta por goleadas y sin dar una señal clara de que mañana,
ante Panamá en un juego oficial, vayan a cambiar la historia.
Para la gente, que a falta de fútbol hasta extraña aquello de sacar el indio cuscatleco, que ni eso ahora se nota, no perder ya es ganancia.
En buena onda, muchachos, no los culpamos de que aquí los dirigentes sólo se preocupen por el resultado de los equipos de la mayor y los ingresos que eso supone en taquilla y patrocinio, olvidándose de que se tiene que trabajar en las bases. Esa palabra, y todo lo que implica
para mejorar un deporte, no existe en el diccionario dolarizado de los mal llamados clubes.
Liberándolos de esa responsabilidad, conscientes de que ustedes seleccionados son lo mejor que tenemos y que clasificar a la última fase de la eliminatoria sería algo similar a un milagro, ya no digamos ir al Mundial, es que les pedimos que se revienten en esta fase. Por
favor.
Acuérdense de que la alegría de una victoria o la frustración de una derrota dura hasta que no comience el siguiente partido. Lo que pasa es que tenemos ya ratos de no tener un resultado o un rendimiento que nos haga tener confianza en ustedes.
Piensen en lo bien que se sentirán si logran un resultado distinto a la derrota que casi todos esperan. Háganlos callar. Piensen en sus familias, hijos, amigos... el país.
Ganen. Confíen en ustedes, son ustedes los que juegan, no el técnico ni la afición ni la prensa. Suelten las presiones, la tensión, no respeten al rival. Vamos, queremos volver a creer en ustedes.
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