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El vuelo proveniente de San José, Costa Rica, aterrizó en Comalapa a las 7:43 de la noche de ayer. Tres minutos después de lo programado. Hasta ese momento, todo según el plan.
Los jugadores de la selección panameña, ataviados en un cómodo atuendo (camiseta blanca, pants azul y zapatos deportivos) bajaron del avión y pasaron por Migración sin ningún problema. El plantel venía completo.
Sin embargo, a escasos 200 metros de la salida, donde estaba el bus que la FESFUT les había enviado para llevarlos al hotel y que ya hasta había calentado los motores para partir, se detuvieron. La prensa deportiva que los esperaba impaciente comenzó a murmurar al pie de
la salida de pasajeros.
La traba era que el cuerpo técnico de nacionalidad colombiana no cumplía con los requisitos de visado que son exigidos para entrar al país.
Desde la amenaza lanzada por supuestos grupos terroristas la seguridad se ha redoblado, agregaron los encargados de Migración en el aeropuerto. Pero lo cierto es que el técnico José Hernández, el preparador físico Julio Toral y el utilero Manuel Segura no no
traían estampada la visa salvadoreña y eso causó una demora de dos horas y media.
En ese lapso la paciencia se convirtió en tolerancia circunstancial para luego transformarse en incomodidad, lo que pasó sin escalas a la inconformidad para terminar en enfado.
De ese punto la cólera estaba a la vuelta de la esquina y no tardó en asomar. Los seleccionados panameños, el cuerpo técnico colombiano, los delegados salvadoreños y la prensa hacían competencia a cual más desesperado por el atraso.
A las 9:43 de la noche los jugadores no aguantaron y partieron sin esperar a sus entrenadores. No sin antes dejar un par de mensajes: No entrevistas, Tenemos hambre, Ésta es una estrategia de los locales y El partido es el miércoles, dejen
de molestar.
Media hora después de los jugadores salieron los colombianos. Mañana les explico todo, estoy cansado, dijo Hernández.
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