Portada
 
  Nación
  Gran San Salvador
  Mundo
  Departamento 15
  Economía
  Departamentos
  Opinión Editorial
  Deporte
  Fútbol Nacional
  Cultura
  Vivir
  Fama
  Extremo
  LPG Datos
  Especiales
  Archivo
 
  Enfoques
  Dominical
  La Tribuna
  El Heraldo
  El Economista
 


Regresar a Cultura
El Boquerón
Mayra Barraza / Columnista
cultura@laprensa.com.sv

Desde Ciudad Merliot subimos entre cafetales por una calle sinuosa y completamente asfaltada hacia el Volcán de San Salvador.

Imprimir esta nota Enviar esta nota Opinar sobre este tema


Tomamos el desvío al Boquerón detrás de un bus que de milagro sube la cuesta. Pequeñas casas y gigantescas antenas se aglomeran al final de la calle.

Ya a pie, nos encaminamos por la vereda que nos llevará a recorrer todo el borde del cráter del volcán. Tenemos suerte, hace un bonito día, cielo celeste, pocas nubes y buenos ánimos. Aún es temprano y está fresco.


Sobre el filo del cráter sube y baja el camino, a un lado la pared casi vertical que desciende 500 metros; al otro, a lo lejos, el horizonte formado por la línea de la costa. Pozo profundo a un lado, horizonte infinito al otro. Al frente, “Vulcanoman” —nuestro guía— marca el paso. Le seguimos en fila india señalando pequeños hallazgos en el camino: mariposas, hojas de formas extrañas, ciempiés, ramas atravesadas.

Sobre el costado oeste nos detenemos a ver el paisaje: a la izquierda, lejos, el volcán de San Vicente; luego, el lago de Ilopango y la Puerta del Diablo; más acá, el Peñón de Comasagua, que parece la cresta de una ola congelada en piedra; un poco más cerca, la laguna de Chanmico y los “charcos” de lava negra; a nuestra derecha, los volcanes de Izalco y Santa Ana.

Ya del otro lado del cráter no vemos el sol. La vegetación se vuelve espesa y el aire húmedo. Nos movemos entre las sombras de los árboles sorteando un camino lodoso y lleno de obstáculos. Caminamos mezclando el silencio con risas.

Tres horas después nos acercamos nuevamente al punto de partida. Desde aquí, en medio de cultivos de rosas y otras flores, vemos Quezaltepeque y Apopa. Zopes sobrevuelan lentamente. Entre pinos y cipreses caminamos ya hacia el parqueo. Una niña nos ofrece fresas. Están dulces.



Agua Caliente, riqueza entre montañas

   


[ Portada | Nación | Economía | Departamentos | Departamento 15 | Gran San Salvador | Mundo | Deporte]
[ Fútbol Nacional [Opinión Editorial | Cultura | Multimedia | Vivir | Fama | Extremo | LPG Datos |  Especiales]
[ Enfoques | Revista Dominical | La Tribuna | El Heraldo ]

© Derechos Reservados : 1997 - 2005   | Aviso legal |   Escríbanos