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[ INTERNACIONAL / OPINIÓN ]
Venezuela: ¿observación electoral o turismo?
Chávez ha impuesto a los observadores extranjeros las mayores restricciones que se recuerden en elecciones libres desde la época de Noriega.

 


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El hecho de que la Unión Europea (UE) haya decidido no enviar su misión de observación electoral al referendo sobre la permanencia en el poder del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, no debería sorprender a nadie: Chávez ha impuesto las mayores restricciones a los observadores extranjeros que se recuerden en elecciones libres desde la época del ex hombre fuerte de Panamá Manuel A. Noriega en 1989.

En un comunicado oficial del 3 de agosto, la UE anuncio que “lamenta que no podrá enviar una misión electoral al referendo en Venezuela. Desgraciadamente, no fue posible llegar a un acuerdo con las autoridades electorales de Venezuela sobre las condiciones para llevar a cabo una observación” aceptable para la agrupación de 25 países europeos.

Es difícil criticar a los europeos por su retirada. Según funcionarios de Estados Unidos y Europa, el Consejo Electoral, dominado por Chávez, ha puesto todo tipo de trabas a los observadores de la Organización de Estados Americanos, el Centro Carter y la UE. En cambio, Chávez ha invitado a una vasta gama de celebridades de ultraizquierda, con gastos pagados, para que aplaudan cualquiera sea el anuncio que haga esta noche.

Entre las 98 personalidades invitadas por el Consejo Electoral hay gente como Hebe de Bonafini, la lideresa de la facción ultraizquierdista de las Madres de Plaza de Mayo de Argentina, una peculiar activista de los derechos humanos que en 2001 se declaró “contenta” por los ataques terroristas contra Estados Unidos del 11 de septiembre. Entre otros invitados —aún no esta claro si aceptaron— figuran los premios Nobel Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Menchú, entusiastas defensores de la dictadura cubana.

Manos atadas

Consideren las restricciones impuestas a las misiones de observadores internacionales: nadie que no sea el Consejo Electoral podrá hacer un conteo rápido de los votos. Comparativamente, todas las recientes elecciones potencialmente conflictivas en América Latina han tenido conteos rápidos independientes, incluidas las elecciones de 1994 y 2000 en México, las elecciones convocadas por el hombre fuerte peruano Alberto Fujimori en 2000 y el plebiscito en Chile en 1988.

Así mismo, el Consejo Electoral está exigiendo que los grupos de observadores extranjeros no tengan más de 40 personas. La OEA y el Centro Carter han tenido más de 60 personas en sus anteriores misiones electorales en Venezuela y exigen una cifra parecida.

Según me dicen expertos en observaciones internacionales, el último presidente latinoamericano —además de Fidel Castro— que puso un límite al número de observadores extranjeros fue Noriega, que prohibió más de 20 observadores por grupo.

Hay más. Aunque el Consejo Electoral dice que los observadores internacionales tendrán total libertad de movimiento, las reglas del organismo dicen que los observadores participarán hoy en un “programa” de visitas guiadas. En otras palabras, los que se dejen llevar serán acarreados por funcionarios chavistas a aquellos centros de votación que el Gobierno quiera mostrarles.

Por último, las autoridades electorales han prohibido que la OEA, el Centro Carter y otros grupos de monitoreo expresen sus opiniones durante el “proceso” electoral, lo que presumiblemente incluye el día de la votación. Eso es gravísimo, porque una de las principales funciones de los observadores es informar a la población antes, durante y después de la votación sobre posibles irregularidades.

¿Cuál es la diferencia entre las misiones electorales de la OEA y el Centro Carter, y las personalidades de izquierda invitadas por Chávez?, se preguntarán muchos. ¿Acaso no está bien que se invite a todo el mundo, ideal margen de su filiación política?

Por supuesto que no hay nada de malo en invitar a todos, pero hay que hacer la diferencia entre lo que hacen unos y otros. Los grupos de observadores electorales han pasado meses, a veces años, en el lugar, monitoreando posibles violaciones a las leyes electorales del país sobre el registro electoral, límites a los gastos de campaña y otras posibles irregularidades. Además, son independientes, en el sentido de que se pagan sus viajes y hoteles, y no están aliados con ninguna de las partes en pugna.

Jennifer McCoy, la máxima encargada de la misión del Centro Carter a Venezuela, me explicó el viernes que “el modelo de observación electoral que hemos desarrollado grupos como el nuestro, la OEA, la UE y las Naciones Unidas a lo largo de los últimos 15 años es una observación independiente de todo un proceso político, y no solamente del día de la votación”.

Mi interpretación de sus palabras: el próximo domingo, la OEA y el Centro Carter tratarán —si los dejan— de hacer una observación electoral. De Bonafini y los otros que vayan como invitados de Chávez, estarán haciendo turismo electoral.

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