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[Tribuna de redactores]
La verdadera solidaridad

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Tercer contingente, promesas de heroísmo y de solidaridad extrema, firmeza ante las amenazas, Iraq convertido por obra y gracia de intereses estadounidenses en arbitrario centro del universo.

Pero hay vida —y muerte, y desolación— más allá de Bagdad. Dos gobiernos sucesivos han reivindicado en los últimos años ante los salvadoreños el deber de dar un paso al frente y llevar apoyo a Nayaf la paz que a nosotros nos trajeron unos Acuerdos gestados en buena medida en otros países. Por eso supuestamente, según el discurso oficial, desde hace más de un año El Salvador tiene una embajada de 360 hombres en el centro del huracán.

Sin embargo, mientras la inapelable realidad convierte en papel mojado los discursos salvadoreños y condena al batallón Cuscatlán a permanecer acuartelado, con las presuntas ganas de ayudar guardadas en los bolsillos, Sudán, en medio de la negra y olvidada África, se desangra fuera de plano.

Tras dos décadas de cruenta guerra civil resuelta a tiros y machetazos, y cuando la paz parecía más cerca, levantamientos de milicias que acusan a la mayoría árabe de someter a discriminación a las comunidades agrícolas de raza negra desataron de nuevo la barbarie.

Según insistentes y dramáticos informes internacionales —que a duras penas encuentran espacio en las páginas de nuestros periódicos, y nunca roban una portada a las “guerras estrella”—, durante el último año milicias armadas progubernamentales han respondido a los rebeldes con una campaña de violencia aniquiladora que ha causado cerca de 50,000 muertes, y que está acompañada de la violación sistemática de mujeres.

Acallados apenas los remordimientos de conciencia por lo permitido en Bosnia, la violación como arma de guerra, como fórmula inhumana de conquista, de masacre de dignidades, vuelve a escena. Las milicias están violando a mujeres y niñas de hasta ocho años, están torturando sistemáticamente, secuestrando o usándolas como esclavas sexuales, según ha denunciado Amnistía Internacional.

El relato de algunas refugiadas sudanesas (más de un millón de personas ha sido desplazado de sus hogares) es escalofriante: “Entre mujeres y niñas, unas 15 fueron violadas en distintas cabañas de la aldea. Rompieron las extremidades a varias mujeres y niñas para que no pudieran escapar. Se quedaron en la aldea unos seis o siete días”.

¿Soluciones? La ONU, perdida en sus complejos, apenas está lentamente reaccionando ante el genocidio sudanés. Hay otras prioridades, y las marcan los mismos de siempre. Si El Salvador quiere ejercer liderazgo internacional, si quiere demostrar presunta audacia diplomática, si de verdad es solidario, si aspira a dar un giro al planeta, podría comenzar por girar la cabeza en la dirección correcta.

 






Agua Caliente, riqueza entre montañas

   


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