|
 |
![]() |
|
Además de la calle, tenemos problemas con el agua. Nos llega cada 15 días, y tenemos que bajar para comprarla.”
|
|
 |
![]() |
|
Muchas familias estamos afectadas porque la bomba que nos enviaba agua se arruinó.”
|
|
|
Comunidad
|
|
17
familias con algún miembro invidente.
25
personas son las que tienen ceguera en la comunidad.
|
|
Una comunidad abandonada por su alcaldía
|
|
Finca Argentina pertenece a Ciudad Delgado, pero no recibe los servicios ni la atención de las autoridades de este municipio.
Los vecinos no reciben los servicios municipales de recolección de basura ni mantenimiento de calles. Este aspecto fue confirmado por el promotor social de la municipalidad de Ciudad Delgado, Manuel Romero.
Por la mayor cercanía de la comunidad a la alcaldía de Mejicanos, los vecinos pidieron al concejo de ese municipio que intercediera por ellos ante las necesidades de la comunidad. Entre ellas, la reparación de la principal calle de acceso.
La semana pasada, miembros de la Alcaldía de Mejicanos y la comunidad se reunieron con autoridades del Ministerio de Obras Públicas (MOP) para ver la posibilidad de reparar la calle, la cual consta de unos 550 metros de longitud.
La reparación de la calle sería posible si la alcaldía accede a firmar un convenio de ayuda mutua con el MOP.
|
|
En la finca Argentina, en Ciudad Delgado, existe una comunidad de obreros artesanos, colchoneros, masajistas y músicos unidos por una característica común: todos son
invidentes.
Forman parte de una comunidad compuesta por unas 1 mil familias maltratada por las instituciones. Allí, a escasos 10 minutos en carro del “próspero” Mejicanos, servicios básicos como el agua o la recolección de basura están en la agenda de los proyectos a realizar.
La vida es dura para todos, pero más para las 25 personas invidentes de 17 familias distintas. Ellos han formado su propia colonia en un espacio alejado de la urbe, pero con el espíritu de superación que los hace salir de ella todos los días para ir a sus trabajos.
“La mayoría de los que vivimos aquí trabajamos en una colchonería de la colonia Divina Providencia, pero, por las noches, algunos hacemos trabajos extra como músicos para ganar unos centavos”, explica José Germán Escobar, de 51 años, quien perdió la visión a los 30.
Contrario a lo que se podría pensar, ahí la vida transcurre con relativa normalidad. Los más pequeños, algunos con problemas de visión, juegan con otros niños videntes. Las madres hacen los quehaceres del hogar, y los jefes de familia se van a la cooperativa ACOPASANTAL, que administra la colchonería, a trabajar en jornadas de ocho horas.
La calle es el principal obstáculo
El nacimiento de esa comunidad no fue casual. Hace 12 años, la cooperativa los ayudó a gestionar las casas con un organismo internacional. Desde entonces viven en la finca, que conocen como la palma de su mano.
Pero sus logros no ocultan las necesidades. Las piedras y los hoyos de la calle principal y de los pasajes son un obstáculo a los que no se acostumbran.
“Hace algunos años nos dijeron que iban a repararla porque iban a construir unas casas cerca de aquí, pero al final no hicieron nada”, comentó Blanca Vásquez, de 47 años.
Para ilustrar el mal estado en el que se encuentran las calles, basta señalar que el transporte público se niega con frecuencia a subir. Medio kilómetro de caminata forzada, para invidentes, y también para videntes.
Llego a mi destino
El buen sentido del humor de Antonia Rivas Martínez es un rasgo que lo diferencia. La sonrisa permanente y los ánimos siempre a cuestas han ayudado a esta mujer de 52 años a desenvolverse en la vida.
Yo trabajo con mi esposo en la colchonería, pero, cuando tengo libre, ofrezco servicios de masaje a domicilio, dice.
El precio de su trabajo dependerá de la distancia que tenga que viajar y los buses que tenga que abordar. Una tarea nada fácil.
Con los cambios de rutas uno se confunde de calles, pero al final siempre llego a mi destino, añade Antonia, mientras camina sobre la accidentada calle principal de la finca Argentina.
No todo fue negro
Antonia perdió la visión cuando tenía 13 años como consecuencia del sarampión. Desde ese entonces, la mujer ha sabido acostumbrarse a la oscuridad.
Esto no es problema para nosotros, porque seguimos siendo personas que podemos trabajar y salir adelante, añade, segundos antes de ingresar a su vivienda.
|