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Sobre institucionalidad centroamericana
Tiene que consolidarse y madurar la institucionalidad
regional, con entes que no sean decorativos ni circunstanciales.
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En el ámbito centroamericano está abierto el debate sobre las entidades que forman la institucionalidad regional. En la primera línea del debate está el Parlamento Centroamericano (PARLACEN), sobre el cual vienen acumulándose los cuestionamientos críticos,
tanto sobre su composición como sobre su funcionamiento.
Esto, desde luego, genera variadas reacciones, tanto entre los países como entre las opiniones públicas, y desde luego entre los más directamente interesados, que son los diputados del mismo. Es un momento oportuno para tomar decisiones de fondo, porque de mantenerse dicha entidad tal como está su obsolescencia es inevitable.
En esa línea, la Asamblea Legislativa de nuestro país ha sacado un pronunciamiento unánime, en el cual se hace una enfática defensa tanto del PARLACEN como de la Corte Centroamericana de Justicia, declarando su apoyo al fortalecimiento de ambos entes regionales. En realidad, está planteada una
disyuntiva histórica: se hace una reforma seria y sustantiva de toda esta institucionalidad o se la deja languidecer hasta su eventual inanición.
Desde luego al PARLACEN hay que darle atribuciones y recursos, dentro de su naturaleza; pero también los partidos políticos deben responsabilizarse, y no usar el Parlamento como una especie de “cementerio de elefantes”. Que no sea algo así como una salida para garantizar el retiro de nadie. Al Parlamento tienen que llegar los mejores, si es que se quiere darle verdadero relieve. No es el número de diputados lo que cuenta, sino su calidad y su compromiso.
Al PARLACEN como a la Corte Centroamericana hay que asegurarles peso y significación. Lo demanda la necesidad de pasar a más altos niveles integracionistas.
Integrar de veras a Centro América
En otras épocas, la llamada unidad centroamericana
era un sueño de algunos visionarios, que nunca pudieron prosperar.
Durante casi dos siglos, prevaleció la lógica aldeana del
aislacionismo. En Costa Rica esa actitud sigue existiendo, ya gastada por
el tiempo. Durante los años sesenta del pasado siglo, el innovador
experimento del Mercado Común Centroamericano significó un
avance muy importante, desgraciadamente malogrado por las rencillas provincianas.
En nuestros días, la integración ya no es un mero impulso interno, expuesto a los intereses del poder local. Hoy, nos estamos integrando porque no nos queda de otra, como se dice en lenguaje popular. En esta era de regionalización mundial para la globalización, Centro América es vista desde
afuera como un todo: los países aislados significan cada vez menos dentro de esa lógica aglutinadora de mercados y de zonas de
producción.
Así las cosas, las energías integracionistas están cada día más activas, independientemente de las voluntades nacionales. El mejor ejemplo son los tratados de libre comercio, que se han vuelto los ejercicios comerciales más vigorosos de esta nueva etapa de la integración. En ese orden, tiene que consolidarse y madurar la institucionalidad regional, con entes que no sean decorativos ni circunstanciales. Replantearse, pues, la suerte de dicha institucionalidad es tarea fundamental para sociedades y gobiernos. Hacerlo cuanto antes, y bien, es la tarea que a todos nos compete.
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