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Cuando me preguntan quién es mejor, Pelé o Maradona, mi respuesta es siempre “el Mágico”. Hay risas para algunos, otros me dan la razón y no faltan los que me dicen que estoy loco.
No sé si es por mi sempiterno sentimiento localista (yo prefiero tres pupusas revueltas y dos de queso con loroco que una hamburguesa con doble carne y doble queso) lo que me ha llevado a pensar así.
Y quizá sí estoy loco, porque ni siquiera había nacido cuando Jorge González debutó con el ANTEL, tampoco recuerdo las tardes de gloria que les dio a los fasistas. Medio me acuerdo de la jugada previa al gol de Ever Hernández para ganarle a México e ir al Mundial de España 1982.
Mi primer partido donde vi jugar al “Mágico” en persona fue hasta 1992, cuando el FAS le ganó al Marte 3-2 en el estadio Cuscatlán, y fui sin siquiera simpatizar con ninguno de los dos equipos. Era por ver al genio, a ése que muchos idolatran.
Quizá digan que éste que escribe no vio nada de la carrera de Jorge González (me emociono con recordar el partidazo que le hizo a México para el 2-1 en 1993, con todo y Hugo Sánchez), ya que la oportunidad de ver parte de la deidad futbolística en persona se me dio casi 20 años después de su debut.
No me importa. Así como me dijo un cadizta que llegó a presenciar por primera vez un juego del “Mágico” en 2001: “Ya me
puedo ir, ya vi cinco minutos jugando a dios”.
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