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Pequeña SERENATA NOCTURNA
Un creciente sonido está poblando las casas salvadoreñas, un vecino que está marcando su presencia: guecos.

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DATOS Y CARACTERÍSTICAS

Nombre común: Gueco casero, gueco chistón, gueco besucón y gueco del mediterráneo.

Nombre científico: Hemidactylus frenatus.
Familia: Gekkonidae. Este nombre proviene de la especie Gekko gekko, cuyo chillido es igual a ese nombre.

Origen: Asia, Europa o África.
Tamaño: varían de cinco a 10 centímetros. Las lagartijas se miden de cabeza a “cloaca”, es decir, hasta la escama anal.

Género: machos y hembras tienen pocas diferencias. Los machos poseen una base de cola un poco más robusta que las hembras.

Reproducción: las hembras ponen una camada de dos huevos, varias veces al año. Tienen la capacidad de guardar el esperma del macho por varios meses.

Patas: poseen lamelas o laminillas adhesivas en cada uno de sus dedos que les permiten adherirse libremente a cualquier superficie.

Piel: sufren mudas constantes de piel, tanto por crecimiento como para renovar colores. Además poseen la capacidad de mimetizarse, es decir, tomar colores de su entorno.

Madriguera: no poseen una madriguera específica. Según los especialistas, el Hemidactylus frenatus habita dentro de las casas, entre el techo y el cielo falso. También se mantienen detrás de los cuadros y dentro de muebles.

Período de vida: se estima entre uno a tres años.

 

Usted se encuentra en su casa, por la noche, después de una extensa jornada de trabajo. Se dispone a relajarse frente al televisor, mientras se sienta en su sillón preferido. Es casi todo perfecto, pero súbitamente un insistente y cercano pitido lo distrae. El sonido, lo juraría, es como si alguien le hubiese lanzado repetidos “besos”.

Pero no hay por qué inquietarse, no se trata de ningún animal ponzoñoso, ni mucho menos de un acosador atrevido.

El causante de este sonido es una lagartija perteneciente a la familia Gekkonidae, que no pretende ni desvelarlo ni asustarlo.

El misterio

Al tratar de indagar sobre este insignificante animal, una barrera se yergue delante del osado que se atrevió a preguntar.

En el país no existen estudios sistemáticos no solamente acerca de las lagartijas, sino sobre casi la mayoría de reptiles. ¿La razón? La eterna falta de escuelas en las que se brinde la oportunidad de una especialización real.

Sin embargo, como dice el dicho, “preguntando se llega a Roma”. Existen varios salvadoreños, y algunos extranjeros, que pueden aportar valiosos datos acerca de las lagartijas.

Dos biólogos herpetólogos extranjeros son los que han aportado, y están por dar aún más, al conocimiento de los reptiles en el país.

Eli Greenbaum, herpetólogo estadounidense del Museo de Historia Natural y Centro de Búsqueda de la Biodiversidad de la Universidad de Kansas, estudió los reptiles salvadoreños en el año 2000. Gunther Köler, alemán del Instituto de Estudios de la Naturaleza de Senckengerg, en Fráncfort del Meno, hizo lo propio en 1997.

Ambos se encuentran trabajando actualmente, junto con otro biólogo, Milán Vesely, en el libro “Los anfibios y reptiles de El Salvador”, que todavía está en prensa y se publicará en el año 2005.

De hecho, Köler ya antes ha publicado “Anfibios y reptiles de Nicaragua” en el 2001.

A pesar de que estos biólogos han dedicado tiempo a estudiar varias familias de reptiles en El Salvador, la publicación de su libro responde más a criterios taxonómicos, según Vladlen Henríquez, estudiante de biología egresado y con cinco años de experiencia en estudio de reptiles.

Es decir, que las especies no se estudian a profundidad como tales, sino nada más se registran y clasifican.

Néstor Herrera, biólogo miembro de Salvanatura y cuya especialidad se ha centrado en las aves, afirma que la falta de información acerca de estos reptiles es un “descuido”.

“Necesitamos investigar desde las cosas más sencillas que se encuentran en nuestras casas, hasta en los bosques”, dictaminó Herrera.

El biólogo asegura que muchos animales, por ser de convivencia cotidiana con el hombre, no merecen el interés que otras especies, como las que están en vías de extinción.

Los ruidos nocturnos

El nombre de la lagartija cuyo sonido intriga es Hemydactilus frenatus. Esto para el área

urbana, porque en el área rural la encargada de emitir un sonido similar es su pariente Phillodactylus tuberculosus.

Ambas son muy parecidas en su anatomía, color y “canto” que emiten. Pero no se debe confundir: el frenatus produce un sonido repetitivo como un “beso”.

Según datos de Eli Greenbaum, este sonido varía de cinco a 15 “besos” o “chucks” (como son llamados en inglés) en un rango de 1 a 3.7 segundos.

Vladlen Henríquez, que ha registrado y fotografiado las dos especies de cerca, explica que la diferencia del sonido emitido por estas dos lagartijas radica en que Phillodactylus tuberculosus “canta” con un beso más largo, que es casi un chillido.

Ambas especies pertenecen al género de los gekónidos, de la clase Reptilia.

Pero no son los únicos. En El Salvador hay tres especies más de guecos: Gonatodes albogularis, comúnmente llamado cantil, es una lagartija diurna que puebla desde muchos años atrás las casas salvadoreñas.

En otros países es llamada también gueco cabeza amarilla; aunque el color real varíe del anaranjado al rojo, el resto de su cuerpo es negro.

La hembra Gonatodes albogularis posee una coloración parda, entre colores café, crema y gris.

Las otras dos especies, probablemente las menos vistas en viviendas urbanas, son Coleonyx mitratus y Coleonyx elegans.

Gonatodes no emite “canto” alguno, pero los dos Coleonyx sí. Pertenecen a la familia Eublepharidae, aunque originalmente fueron clasificados dentro de la familia Gekkonidae.

Emitir sonidos es una característica habitual en los guecos, la diferencia de los Coleonyx con las otras dos especies se centra en la diferencia de sus escamas en la cabeza y que éstos últimos poseen párpados móviles.

Aunque no existe una claridad acerca de cómo Hemidactylus frenatus emite su sonido, Henríquez afirma que algunos investigadores aseguran que se trata de un “chasquido” de lengua.

Población

Tanto los herpetólogos que han clasificado la herpetofauna de El Salvador, como Vladlen Henríquez y Néstor Herrera, dicen que no tienen datos concretos y oficiales acerca del crecimiento de la población del frenatus en el país.

Otros que coinciden con este mismo dictamen son Oliver Komar, de Salvanatura; Jorge Porras, técnico del Parque Zoológico Nacional; y Ana María Rivera, encargada del mantenimiento de la colección de herpetología del Museo de Historia Natural.

Porras afirma que los guecos han convivido con el ser humano durante años, pero no descarta la posibilidad de que esta lagartija haya incrementado su número debido a que ha encontrado condiciones favorables para desarrollarse.

Carmen Celina Dueñas, del Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), aporta un dato valioso: mediante llamadas telefónicas, varios salvadoreños inquietos quizá por el ruido desconocido, han preguntado de qué animal se trata.

Esto sería un indicador de que efectivamente la población de frenatus va en aumento.

Este hecho no es descartado por ninguno de los especialistas citados, pero son cuidadosos en dar una opinión tajante al respecto.

Henríquez, que ha dedicado buena parte de su tiempo en colectar especímenes para su posterior registro, afirma que le reportan la presencia del frenatus en diversos lugares que antes no contaban con la compañía de su canto.

El biólogo Néstor Herrera explica que, desgraciadamente en la biología, deben tenerse especímenes registrados y clasificados para iniciar una investigación de la especie. Aunque se escuche a la lagartija no puede asegurarse nada hasta no tener a esta entre las manos.

Una conclusión no intencional de este comentario sería una afirmación de Porras: “Como esta especie no es nativa no se la ha estudiado, ni tampoco existen registros”.

Esto da pie a otra polémica: tanto los especialistas salvadoreños, como los extranjeros, no tienen un acuerdo común de dónde proviene esta lagartija, que tiene presencia en toda Centroamérica, pero que no es originaria de la región.

Aunque no exista una investigación y dato oficial al respecto, es un hecho de que el gueco Hemidactylus frenatus está acompañando, como vecino de habitación, a un número creciente de salvadoreños.

Su canto se escucha por doquier.


Un currículo con escamas

Una aproximación a los hábitos de vida y características del Hemidactylus frenatus.

De aspecto blancuzco con manchas cafés, el Hemidactylus posee una serie de características en las que nadie piensa al verlo cruzar velozmente una pared.

Es de sangre fría, como todos los reptiles, ya que no tiene la capacidad de regular su temperatura corporal. Su tamaño no sobrepasa el de cualquier lagartija casera común y corriente.

Según Vladlen Henríquez, existen varios tipos de medición para las lagartijas: de cabeza a “cloaca” (o escama anal), de cabeza a cola, de cabeza a vientre. Además medidas de diámetro de cabeza, distancia entre patas.

“Esto tiene como fin poder clasificar y caracterizar mejor la especie”, asegura Henríquez.

El Hemidactylus ronda los 50 milímetros, pero puede medir más.

Qué hace y cómo vive

Es nocturno, aunque con frecuencia su “canto” puede ser escuchado durante el día. Este sonido tiene por objeto establecer la territorialidad del macho y además es una llamada a la hembra en época de apareo.

Según datos de Henríquez, algunos especialistas plantean que dicho sonido se produce chasqueando la lengua. Pero no existe claridad al respecto (en el país).

Sin embargo, esa no es la única utilidad de la lengua. Al igual que las serpientes, los guecos en general se sirven de ella para captar las partículas aromáticas del aire y poder detectar su presa.

Estas partículas aromáticas son llevadas por la lengua al órgano de Jacobson u órgano vomeronasal. Este pone en contacto las partículas con los nervios que transmiten esos estímulos al cerebro.

La diferencia radica en que los guecos utilizan este mecanismo en menor medida que las serpientes, ya que también se sirven de su vista para divisar su comida.

El Hemidactylus es exclusivamente insectívoro e inofensivo por lo demás. Su dieta está basada en los insectos que pueda encontrar en convivencia con el ser humano: hormigas, zancudos, cucarachas. Lejos de representar un peligro para las personas, es un animal beneficioso.

Por lo tanto, puede empezar a deshacerse de los mitos que el sonido es emitido por una víbora de coral, o que el Hemidactylus segrega una “leche” venenosa que es “lanzada” a los ojos humanos y causa ceguera. O bien, causa llagas, si cae en la piel. O incluso que este gueco “cantante” es producto de “experimentos” de alteración genética de las lagartijas nativas hechos por coreanos.

Estos son algunos de los mitos que Henríquez asegura que le han hablado.

Y además saltan

No se sorprenda si ve un Hemidactylus cruzando tranquilamente el techo de su casa: cabeza abajo.

Esta especie está provista de laminillas adhesivas o lamelas en cada uno de sus dedos, las que le sirven para adherirse con seguridad a cualquier superficie.

Poseen la capacidad de saltar, como muchas otras lagartijas. Muchas veces, para desplazarse de una pared a un borde cercano, lo hacen con un pequeño salto.

La cola, además de ser un timón direccional, es un arma imprescindible para escapar de sus predadores. Se dice que su cola posee “autonomía”, es decir, capacidad de desprenderse a voluntad.

Muchas lagartijas, al verse acechadas por un predador, desprenden su cola. El movimiento distrae momentáneamente al victimario y la lagartija tiene tiempo de escapar rápidamente.

El Hemidactylus no posee párpados móviles, pero sí una delgada membrana para proteger sus ojos. Por otro lado, lame sus ojos para mantenerlos limpios

En cuanto a reproducción los machos poseen dos “hemipenes”, es decir, estructuras similares a un pene, en la base de la cola, en su interior. La hembra puede retener el esperma del macho hasta por ocho meses, y como son nocturnos no tienen un predador directo que equilibre su población.

Sin embargo, esto no significa, según Henríquez, que la población de lagartijas nativas esté amenazada, ya que estas son diurnas y por lo tanto no hay competencia por comida.

Henríquez asegura que esta lagartija vino de África, pero Jorge Porras afirma que fue del Viejo Continente.

En lo que sí existe un acuerdo en la forma de transportación: probablemente en barcos cargueros.

En El Salvador existen 29 especies de lagartijas. Sorpresa: el nombre lagartija no solo abarca esos pequeños reptiles de su jardín. El talconete, tenguereche y “bebe leche”, son otros ejemplos de lagartijas.

Así que no debe preocuparse, el Hemidactylus puede ser ruidoso, pero no dañino. La próxima vez que su canto martillee sus oídos piense que talvez se esté comiendo ese zancudo que podría transmitirle el dengue.


GUECOS EN EL SALVADOR

Los guecos existentes en El Salvador son cinco. Esto no quiere decir que todos sean nativos. Cuatro de ellos lo son.

GONATODES ALBOGULARIS. Perteneciente al género Gonatodes. Conocido comúnmente como cantil, este es el gueco casero compañero del frenatus. Fue reportado por primera vez en 1836, en Martinica. Está distribuido en el trópico y subtrópico de casi todo el mundo. Posee dicromatismo sexual, es decir, distintos colores en hembra y macho. Su reproducción es continua. Su actividad es diurna.

PHYLLODACTYLUS TUBERCULOSUS, DEL GÉNERO PHYLLODACTYLUS. Conocido como gueco tuberculoso, fue registrado en 1835 por vez primera. Este gueco es similar al frenatus, pero su hábitat se encuentra en la zona rural, o en bosque. Es nocturno, arborícola y se alimenta de insectos.

COLEONYX MITRATUS. Conocido como gueco bandeado o “gueco atigrado”, por la belleza de su piel de color café con manchas negras. También llamado “perrozompopo” y “niño echado”. Reportado en 1863. Su distribución al igual que los otros es tropical, pero dentro de los bosques. Este gueco nocturno mide aproximadamente 10 centímetros, pero pueden ser más. Los machos permanecen separados entre sí, ya que son muy territoriales. Posee párpados móviles.

COLEONYX ELEGANS. Fue descrito en 1856 por Duméril, naturalista, quien también registró por primera vez al Hemidactylus, y muchos otros reptiles, pero fue registrado inicialmente en 1845. Es también llamado gueco bandeado o gueco pintado. Sus colores son similares al Coleonyx mitratus, y su hábitat también está en el bosque tropical. Posee una banda distintiva en forma de “u”, que se extiende desde los ojos, hasta la parte de atrás de la cabeza. También posee párpados móviles.




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