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El grupo de teatro mexicano Imaginarte llegó a la sala del Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán con una misión: conquistar al público y dejar un claro mensaje ecológico.
La sala con capacidad para 190 personas lucía vacía. Sólo unos 50 niños del Colegio Euroamericano estaban dispuestos a prenderse de emoción con la novedad en su semana escolar.
Dicho y hecho, la puesta en escena de la obra “Recicla” los capturó desde el primer momento con una actitud forzada de los actores a participar.
La obra se escuda en la típica técnica del teatro infantil, donde el actor pregunta y los niños responden.
La heroína “Superjessy” evoca por la falta de atino en sus objetivos tanto teatrales como del contenido de la obra al clásico personaje del Chapulín Colorado.
La interacción es fluida, pero el objetivo se queda corto. Destruir el monstruo de la basura es el gancho de principio a fin, pero resulta que la basura, por lo que indica el texto, se clasifica sola.
Al rescate
Si bien, a los niños les tocaba orientar a la heroína, la poca imaginación se evidencia en una pieza que está destinada para niños de seis a nueve años. Difícilmente trasciende más. Sin embargo, la aparición de “Miguelito”, un muñeco de guiñol, devuelve la magia a la pieza.
Sus apariciones le dan frescura y al final la heroína de carne y hueso sale sobrando.
Para que los niños tengan cercanía con el escenario, un dinosaurio se ofrece para enseñarles a bailar. Lo bueno del montaje es que los niños se prestan para saltar a las tablas.
El temido monstruo que mantiene en vilo a Miguelito, al lagarto custodio del río y al mismo dinosaurio, termina siendo un ser bueno que lo que busca es reciclar la basura.
La pieza sigue con canciones de mensajes ecológicos y los niños gritan por un final feliz.
Los caminos
El grupo Imaginarte se formó en 1991 en la carrera de Literatura y Arte Dramático de la Universidad Autónoma de México.
Desde ha orientado sus trabajos a niños especiales, en fiestas infantiles y la mercadeo de productos.
La obra “Recicla” busca que los niños aprendan a reciclar la basura.
Magia negra
El grupo argentino Kukla Títeres presentará hoy teatro negro para niños dentro del FITI.
Los títeres, expresión teatral que en nuestro país es más vista como curiosidad chistosa que como arte, son mucho más que cuerpo humano, según palabras de la directora del grupo argentino Kukla Títeres, Antoaneta Madjarova. Hoy estrenan
Calidoscopio.
Según ella, el títere como posibilidad plástica expresiva es infinito, es una caricatura, una síntesis, una metáfora, es una cosa absurda.
Calidoscopio es un montaje que está dentro de la modalidad de cámara negra. Esto significa que los títeres y objetos sobresalen de entre las sombras para deslumbrar con su brillantez.
La preparación de cada presentación incluye la construcción de una cámara negra, la utilización de luz negra con la cual los objetos decorados con una pintura especial reaccionan a la luz y brillan con un efecto casi neón. Los actores-titiriteros
no son vistos en ningún momento, y los títeres y objetos de la obra flotan en el aire, como por artificio de magia.
Aquí, los actores deben seguir una estricta planilla de desplazamientos: la obscuridad impera.
Madjarova, de origen búlgaro, pero radicada en Argentina, es el origen de este grupo. Cuando habla de títeres se apasiona y una sonrisa se dibuja en su rostro.
Kukla, que significa muñeca títere en búlgaro, tuvo su génesis en 1988, en Bulgaria, bajo la dirección de Madjarova y Krasimir Gospodinov. Años después, durante una gira, se radicaron en Argentina.
El grupo ahora se ha enriquecido con actores argentinos. Alumnos del curso que ella imparte, cada dos años, de aprendizaje de títeres.
La vida a través de los ojos de la pureza
Un bebé nace en primavera. Inmediatamente, se ve enfrentado al mundo humano: hostil, con alegrías y tristezas, amistad y desavenencias. En palabras de Madjarova, es una metáfora de la vida humana.
El bebé, protagonista de esta obra que no tiene textos hablados y va acompañada únicamente por música clásica (Liszt y Debussy, entre otros), es una metáfora de la pureza y honestidad, según la directora.
Además, el público asistente podrá ver más de 130 imágenes flotantes en escena. La cita es esta tarde, a las 3 y a las 6, en el Teatro Poma.
Martín Fierro y la cómica versión con yerro
Se apagó la luz y con un alarido de alegría unos 900 niños de uniforme desafiaron al cantor gaucho (Leonardo Volpedo) que apareció en la penumbra para contar la historia alegre y a veces triste de Martín Fierro.
Había llegado la sexta fecha del FITI y la presencia del grupo argentino Cuerda Floja y el Mosquito y la Máquina Real se enfrentó a un emocionado público que no tardó en soltar ráfagas de risas con las ocurrencias de una compañía de tres actores que intentan contar la historia
de Martín Fierro, el nombre del gaucho de la región campestre argentina donde la vida es un desafío diario.
Los días felices de Martín Fierro se dibujan hasta con fiestas en miniatura; una ingeniosa puesta en escena que capturó al público desde el primer verso.
La versión, bautizada por la compañía “Martín le yerró fiero”, es una parodia del fierro con que se marcan las vacas y las “equivocaciones” del texto clásico que ellos pretenden contar.
El texto de José Hernández, escrito en 1872, guarda una compleja estructura en verso, que el director Carlos Groba supo utilizar en fragmentos y los actores terminan de afinar con la personificación de los títeres.
Trucos y trueques
El juego entre los actores, (Leonardo Volpedo, Adrián Murga y Diego Ercolini) le proporciona frescura a la pieza, para saltar de uno a otro acto.
Mientras los títeres de mesa descansan tras bambalinas, el elenco recurre a la música y las expresiones corporales.
Cuando los títeres aparecen, ¡che!, la vida cambia en el escenario y en el ánimo del público. Las apariciones y desapariciones del protagonista mantienen en vilo a los niños.
La puesta recurre a todos los trucos del arte vivo y los cambia por risotadas del público.
La pieza terminó el público aplaudió y gritó de alegría, los buses esperaban para llevarlos otra vez al colegio, pero los actores tras bambalinas se suman a la eterna queja del recinto: la gigantesca sala explayada, sin acústica y donde el público se siente a la distancia.
“Es un espectáculo que está hecho para una sala de 90 personas”, comenta el actor Leonardo Volpedo, pero tuvieron a unos 900 niños que al final disfrutaron del espectáculo.
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