Durante el montaje de escenografía antes de la presentación, los actores se afanaban con la escenografía.
El grupo Kukla, de Argentina, presentó una obra de títeres en la modalidad de cámara negra: los objetos brillan y flotan y crean una atmósfera mágica, de ensueño infantil.
Vistos con luz normal, los objetos utilizados en la obra, entre títeres y escenografía, parecen curiosos juguetes de colores chillantes.
Pero cuando las luces convencionales se extinguen y la luz negra alumbra, el viaje comienza.
El encanto de la cámara negra es que hace resaltar los objetos en tercera dimensión.
Con la obra, los adultos vuelven a soñar como niños y el hechizo hace creer que sí existe un país de sueños y colores bonitos, Santa Claus y el monstruo debajo de la cama.
Preparación
Los actores titiriteros de la compañía Kukla son todo a la vez: peces, mar, humo, pingüinos, escenógrafos, tramoyistas y decoradores.
El montaje de la escenografía es tarea de todos.
La composición cromática de cada cuadro es cuidadosamente elaborada. “Demasiado rojo, pongan un pez verde para equilibrar”, sugería Suky, productora responsable del grupo Kukla.
No es fácil ser actor de teatro negro. Debe tenerse el máximo cuidado que la silueta no sea vista.
Además de portar ajustada ropa negra, los titiriteros utilizan capuchas negras que sólo dejan libres sus ojos.
Trabajan casi en completa oscuridad, no deben chocar entre ellos ni estorbarse en la manipulación de sus respectivos títeres.
El Teatro Luis Poma, lugar de la presentación, tuvo que revestirse completamente de negro.
A pesar de ser un panorama algo lúgubre, todo cambia cuando la música clásica da la nota.
El viaje de un bebé
El protagonista de “Calidoscopio”, un bebé que los miembros de Kukla llaman “el Nene”, nace en primavera, rodeado de flores y viaja a lomo de pájaro.
Luego aprende que la vida no es fácil, debe enfrentarse con obstáculos y enemigos, que gracias a la amistad y a la lucha logra vencer.
Las escenas han sido montadas al ritmo de fragmentos musicales de piezas clásicas famosas como “El cascanueces”, de Tchaikovsky; “Rhapsody in blue”, de Gershwin, o “Sueño de amor N.° 3”, de Liszt, entre otras.
El bebé pasa por diversos estados de la vida metaforizados en invierno, mar, ciudad.
Finalmente, la soledad y hostilidad de la vida humana es vencida por lo único viable, por la última esperanza: el bebé encuentra el amor verdadero, una niña que será su pareja.
Esta obra fue seleccionada para el Festival Internacional de Títeres, en México (2004), además de ser declarada “interés cultural” por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entre otras distinciones.
La pieza será presentada hoy y mañana en el Teatro Luis Poma.