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“Es imposible traducir poesía”

Élmer L. Menjívar
Lasse Söderberg tiene 15 libros de poesía propia y más de 70 traducciones de otros. Es la visita fugaz del festival poético.

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El siglo XXI ha traído al país a este hombre blanco, de voz cauta, cuyo pelo cano se eleva a 1.94 metros del suelo. Habla un español fluido, y en este III Festival Internacional de Poesía lee sus composiciones en dos idiomas.

Su estancia será la más breve, viajó desde el festival Letras en el Golfo, en Tampico, México, para estar al menos hasta el día jueves, pero las aerolíneas (tan poco poéticas) al parecer lo obligarán a irse dos días antes.

Muy poco. El Salvador no es un país que sale en los periódicos europeos, sabíamos más en los tiempos de guerra.

De vez en cuando se sabe algo de Centroamérica, por ejemplo, Manlio Argueta ha sido muy traducido. Yo hice una antología de literatura centroamericana en la época de los conflictos.

Principalmente en España, pero soy traductor y principalmente del español, y ésa es una manera de perfeccionar el idioma, y mi compañera es colombiana...

Claro, ayuda mucho. Llegué a España en los años cincuenta sin saber español y poco a poco fui aprendiendo. Era una manera de descubrir la literatura hispana, que no era muy conocida.

Yo hago un poco de todo: traducciones, colaboro en la prensa, organizo un festival como éste, pero lo que menos hago es escribir poesía, sólo por temporadas, lo que más hago son traducciones, pero sí empecé a publicar muy joven, a los 18 años.

Hay poetas y poemas que son más fáciles de traducir que otros, pero hay otros que son casi imposibles por la musicalidad, el ritmo. Casi podría decir que es imposible traducir poesía, pero seguimos traduciendo, y cada vez más.

Diferencias siempre hay, pero yo creo que cada vez menos. Hay una especie de globalización también en la poesía, que fundamentalmente es una actividad muy parecida en cualquier lugar, evidentemente con los momentos culturales e históricos de cada sitio.

Claro, hay influencia de los acontecimientos. Yo me considero un escritor de izquierda, a nivel humano, de ideas, pero nunca he pertenecido a un partido político. En Suecia, en los años treinta, tuvimos una corriente de escritores que todos venían de orígenes muy humildes, y eso fue muy característico y una influencia muy grande para las generaciones de poetas que veníamos después.

Sí, pero eso cambia. Los temas universales siempre están, pero, por ejemplo, aquí leeré poemas de un libro que surgió en dos viajes por Jerusalén, que es el centro del monoteísmo y de tres religiones, y entré al tema religioso. Yo no soy religioso, soy ateo, pero la religión me interesa y a la vez me repugna por los fundamentalismos que vemos hoy en día.

Yo creo que sí, pero de una manera muy difícil de definir, no tiene una influencia directa en la sociedad, más bien es individual y es muy difícil saber el papel de la poesía. Tampoco creo que los poetas deben buscar un papel social o de profetas; sí creo que debe comprometerse con lo que pasa en el mundo, pero no de manera panfletaria. Se tiene la ventaja de que la poesía dura más tiempo que una novela.



Agua Caliente, riqueza entre montañas

   


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