El III Festival Internacional de Poesía llegó a la escuela, ayer, a primeras horas de la mañana. Era la primera vez que el centro escolar participaba en el festival, según la subdirectora, Gloria Sorto.
El eco del recreo resonaba en el auditorio, y los alumnos halaban pupitres hacia el escenario. Seis poetas llegarían. Cinco llegaron.
El nicaragüense Jorge Arellano no vino al festival, pero llegaron al colegio el griego Dimitris Chouliarakis, el puertorriqueño Marcos Rodríguez-Frese, el mexicano Armando Alanis, el taiwanés Lin Sheng-Bin y Efraín Rivera, el salvadoreño ganador del certamen
de poesía Letras Nuevas, de LA PRENSA GRÁFICA.
Con aire hollywoodense
Ante 600 estudiantes de cuarto a noveno grado, Paulina de Hernández, de Poetas de El Salvador, y Lovey de Argüello, de CONCULTURA, presentaron a los cinco autores visitantes.
Los voy a presentar y ellos se van a parar, dijo De Hernández. Y así fue. La lista inició con aplausos y poetas de pie. Dimitris Chouliarakis se levantó con gafas oscuras y un aire hollywoodense entre sus dientes, y siguieron los aplausos, hasta el turno
de Rivera, el poeta nacional, y las ovaciones adolescentes no se hicieron esperar, así como el rojo en sus mejillas. Tiene pegue Efraín, sonrió De Hernández.
Más aplausos y poesía. Cada vate leyó su obra: Alanis y Rodríguez-Frese, cuatro poemas; Chouliarakis y Rivera, tres; y Sheng-Bin, uno, porque todavía no le entregan su maleta y ahí traía toda su poesía, confesó De Hernández.
El problema se solucionó con el poema de la memoria del festival, un volumen que incluye poesía y biografía de cada uno.
El griego y el taiwanés leyeron en sus lenguas maternas, y De Argüello las leyó en español. En cada intervención foránea, los estudiantes decían ¿qué dijo?, está en griego, ah.
Con aire didáctico
Voy a ver si están prestando atención, interrumpió De Hernández con aire maternal y didáctico. Voy a regalar estos libros a los que me contesten quiénes nos acompañan. Gritos y respuestas, avalanchas por los libros. Descanso.
Vino el espacio de preguntas. ¿Atrevidos? Un niño de diez años se levantó: Yo quisiera saber ¿qué es la poesía? ¿Poetas? Alanis tomó la batuta: Todos somos poesía, es decir, ustedes. Es una pregunta difícil,
nosotros creemos que sabemos qué es poesía cuando la hacemos, pero puede ser que no.
Y más preguntas. Fila larga, dudas: Quisiera que el mexicano me dijera qué es poesía heró..? No se escuchó. Alanis valiente: ¿erótica o heroica?. ¡¡¡Erótica!!!, gritó la mayoría.
Maestros y menores de edad a la vista. Ojos grandes de las organizadoras.
Bueno, la poesía erótica... eh... hay poesía de amor, y la poesía erótica narra el encuentro de un hombre y una mujer.
La poesía que Alanis leyó en el recital tiene una vertiente más irónico-posmodernista. No era erótica.
Larga fila, más preguntas sobre géneros, inspiraciones, y la duda seguía temblando en el aire, con eco ya no recreativo: ¿Qué es poesía? Alusiones a la vida cotidiana, amor: La poesía somos todos. Una bandada de palomas
volaba en bumerán en el patio. Eso: poesía.
Fuera de lo común ( Por Efraín Rivera)
El día llegó. Entré al Centro Escolar Concha viuda de Escalón; niños y niñas corrían de un lado para otro disfrutando de su recreo.
Comencé a buscar la dirección del centro escolar para saber dónde se realizaría el recital. Desde lejos vi a Dimitris Chouliarakis, quien miraba hacia el auditorio, al final del patio.
Nos presentamos y fuimos a la sala de maestros donde esperaban los otros poetas.
Estaba por comenzar el primer recital donde alternaría con poetas internacionales, algo realmente memorable. A la vez, un gran honor y una gran responsabilidad. El público también prometía ser fuera de lo común.
El timbre anunció el fin de la diversión, había llegado el momento de la poesía. Después de compartir un momento con los poetas, nos dirigimos al auditorio del centro escolar.
Después de una rápida presentación de los participantes por parte de Paulina de Aguilar, inició su lectura Marco Rodríguez-Frese frente a la mirada expectante y párvula del público.
Al leer en su lengua, Dimitris Chouliarakis despertó la curiosidad. Me llamó la atención la respuesta de los niños: murmullos y risas.
Luego, llegó el turno de Alanis, y después el de Lin Sheng-Bin, quien, al igual que Chouliarakis, leyó en su lengua.
Mi participación fue corta: tres poemas. Después de eso, las preguntas de los niños cerraron el evento.
Comprendí que la poesía es realmente inmensa, que no tiene barreras de naciones ni de lenguas, y mucho menos de edades, pues los niños estaban realmente emocionados con las lecturas. No todos los días uno tiene la oportunidad de dirigirse a un público tan particular como el de ayer.
Al final, la espontaneidad, las ocurrencias y las preguntas de los niños dieron cuenta de que en realidad la diversión no había terminado con el timbre que puso fin al recreo.