No es que piense que nuestra golpeada selección tenga opciones para ganarle
a los EUA que no sean las de un accidente futbolístico o la de una demostración
de coraje nunca visto. La superioridad gringa está más que demostrada.
Pero hay que dejar claro que los EUA también tienen miedo.
Los dos partidos más recientes que han realizado fuera de casa han sido catastróficos. Un periodista norteamericano, me confesó que debían haberlos perdido, pero que contaron con mucha suerte.
Al parecer el grupo de Bruce Arena no responde bien a lo adverso. Nunca pudieron controlar el balón en el lodazal en Jamaica y reaccionaron muy mal anímicamente ante los abucheos del público panameño. Un gol agónico en cada escenario los ha salvado de que esta eliminatoria sea una pesadilla. La carga militar que los acompaña tampoco les ha ayudado.
No le creo a Arena cuando dice que le da “miedo” El Salvador en el Cuscatlán. No se lo mandó a decir a la selección cuscatleca, se lo dice a sus pupilos para que no subestimen a su rival.
Eso sí, el Cusca vive de las rentas. Las historias del Vietnam pueden calar en los norteamericanos, pese a que si hay 15 mil aficionados será mucho.
Otro factor es la lesión de Claudio Reyna, el capitán. Él es el líder, el que se inventó las dos jugadas para los empates y al que todos buscan en el medio campo cuando no hay salida. Clint Mathis no tiene el mismo arrastre.
Por eso creo que los primeros 15 minutos serán claves para definir si nos ganan 2-0 o si les arrancamos el 0-0. Todo depende de si anotan o no en ese lapso. Es mi pronóstico.
No queda de otra. Ellos a encomendarse a Landon Donovan y a Brian McBride, y nosotros a todos los santos y al espíritu de la garra cuscatleca.