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Su regreso al español, Luis...
Sí. Llevaba mucho tiempo buscando un guión que me trajera
de vuelta al idioma español. Lo curioso fue que terminó
siendo una historia salvadoreña.
¿Por qué?
Me pareció una historia muy relevante, porque sigue sucediendo
en todas parte, así como en El Salvador, ahora en Iraq o en Liberia.
¿Y cómo fue que dio con Oscar y con su guión?
Él salió durante los años ochenta de El Salvador
tal como se muestra en la película. Y terminóò viviendo
en Los Ángeles que fue donde yo lo conocí, yo le hice un
casting como actor y el me presentó el guión y me pareció
muy bueno y muy importante.
Y es una historia que, entiendo transcurre en Cuscatancingo. ¿Conoció
el lugar?
Yo fui con Óscar el año pasado, me pareció que
era un país muy rico, la gente, me conmovió mucho la gente,
el espíritu de vida a pesar de todo lo que han sufrido, conocí
a las tías, a la abuela...
¿Aparecen ellos retratados en la cinta?
Pues los que quedaban vivos porque muchos habían muerto.
Sé que no hay actores salvadoreños, ¿cómo
lidió entonces con el acento, con los modismos?
Cuando nos planteamos la película, la idea era hacerla en El
Salvador, pero como ahí no había suficiente recurso para
hacerla decidimos hacerla acá (en México). Entonces, desgraciadamente,
a los niños era difícil cambiarles el acento, tuvimos que
trabajar con acento mexicano, que era mejor que hacerla en inglés.
En Veracruz...
Buscamos en todo México y el lugar que nos pareció que
nos daba más el trópico de El Salvador fue Veracruz, incluso
gente que la han visto y conocen en El Salvador se pregunta si la filmamos
en El Salvador, porque todo está muy parecido. Todo fue tratar
hasta donde nos daba el presupuesto y las posibilidades de retratar la
realidad.
¿De cuánto fue ese presupuesto?
Fue de 3 millones y medio, muy caro para una película latinoamericana
(aunque la productora está hablando de 5 millones).
Valió la pena... gente como García Márquez ya
la alabó.
Eso fue magnífico, me dijo que él siguió la guerra
muy de cerca y que yo traté bien el arrebato de la infancia.
Imagino que cuesta hacer películas históricas, la gente
está muy pendiente de qué tan fiel se fue...
Yo hago mucha investigación. Cuando hice Cuando un hombre
ama a una mujer, que trata sobre al alcoholismo, pues hice mucha
investigación y Alcohólicos Anónimos la tomó
como bandera de ellos porque se apega mucho a la realidad, uno siempre
busca eso.
¿Qué investigó en el caso de Voces inocentes?
Leí la literatura que más pude, hablé con gente
de El Salvador, incluso con reporteros de guerra. Uno, aunque no vivió
eso, trata de apegarse lo más que puede para retratar la realidad
lo más fielmente.
¿Cómo ve hoy El Salvador?
Siento que la guerra dejó buenos y malos saldos, y que finalmente
es un país con mucha alma y mucho empuje que saldrá adelante.
Hay, como en todos nuestros países, pobreza, delincuencia... y
lo seguirá habiendo mientras halla tanto nivel de miseria , que
es una de las cosas que uno lucha por que cambien.
¿Qué papel juega el arte para luchar contra esos males?
El de crear conciencia, de despertar a la gente ante las cosas que vemos,
que hay que cambiar.
¿Cómo tomó lo de la postulación al Oscar?
Es una historia que conmueve mucho, que es un elogio a la manufactura
de la película, en el sentido de que cuenta una historia importante
hoy día. Es un reconocimiento a la calidad de la película,
a la fuerza de la historia y esperemos que tenga un impacto mundial.
Notable es destacar que fue escrita por un salvadoreño...
Yo quiero mucho a Óscar. Por un lado, le respeto mucho su vida,
su trayectoria y, obviamente, tuvo la fuerza necesaria cuando era mesero
en un restaurante. Él tomó la decisión de dejar el
trabajo y se dedicó a escribir historias. Es un acto heroico y
para mí son actos para elogiar.
Estrenan Voces inocentes
Su director, Luis Mandoki, y el guionista, Óscar Torres, ofrecieron
una conferencia en el país azteca. El filme fue exhibido ante unos
40 comunicadores de todas partes de México.
La cinta, que narra la historia de Chava, un niño
salvadoreño que vivió la tragedia de la guerra en carne
propia, despertó interés entre los periodistas. Fue exhibida
ante unos 40 comunicadores de todas partes del país azteca. Luego,
su director, Luis Mandoki, y el guionista, Óscar Torres, ofrecieron
una conferencia de prensa a la que asistieron otro tanto igual. Ahí
estaba LA PRENSA GRÁFICA.
Durante la conferencia, los periodistas alabaron el trabajo del director
y externaron mucha sorpresa y curiosidad al recordar que la historia de
Óscar, presente ahí frente a ellos, fue el mismo niño
aquel Chava que horas antes habían visto
en la gran pantalla, a punto de ser reclutado por el Ejército salvadoreño
durante la guerra civil en el país.
De hecho, Óscar acaparó la atención. ¿Fue
duro revivir todo tu sufrimiento?, le preguntó un periodista
de una televisora que se emite sólo en Morelia. Óscar, un
joven de 32 años que creció en Cuscatancingo y de carácter
muy tranquilo, respondió: Poco a poco me he dado cuenta de
que no es una historia mía, sino de muchos. Me doy cuenta de que
tengo mucho que agradecer.
Cuenta el mismo Mandoki que durante la filmación de una escena
en la que se miraban los cuerpos muertos de muchos pobladores de Cuscatancingo,
donde se desarrolla la historia, Óscar desapareció. Luego
lo encontré llorando. ¿Es necesario que esté
aquí?, me dijo, narró el cineasta. Sin embargo,
sacó fuerzas para seguir adelante, pues según dijo el director,
Óscar ayudó mucho a retratar mejor los detalles propios
de El Salvador y de la historia.
Al ser cuestionado sobre cómo fue el recuentro con su familia,
Óscar señaló: Hoy nos reímos de algunas
cosas, aunque hay momentos en que mi madre simplemente, mientras hace
la cena, se pone a llorar. A veces mejor obviamos el tema, señaló
Torres.
Mandoki manifestó, por su parte, que fue muy difícil trabajar
con niños. Es lo más difícil que he hecho,
expresó ante los medios. Ellos se ponen muy nerviosos,
agregó.
La cinta estaría en cartelera en México y en El Salvador
en enero próximo, dijeron los productores.
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