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Juego de presiones
¿Hacia adónde va El Salvador?

Rafael Ernesto Góchez
Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA



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El Salvador se dirige hacia donde va su gente. Uno de cada dos salvadoreños desea emigrar hacia el norte, específicamente a EUA, la mayor potencia mundial. Este proceso se ha ido consolidando en las últimas décadas.

Uno de cada cuatro compatriotas vive en EUA; el Gobierno dolarizó la economía; se creó un viceministerio para atender mejor a los salvadoreños en el exterior; y avanza la iniciativa de educación bilingüe, español-inglés.

Los políticos les prestan más atención a los potenciales votantes salvadoreños en EUA. Cada año mejoran las celebraciones cívicas de septiembre en suelo norteamericano.

Gobernantes, empresarios y ciudadanos salvadoreños cabildean la aprobación del TPS y TLC en EUA. Este rumbo también se refleja en la vida cotidiana: al pasar del sombrero a la cachucha, de las botas a los tenis y de la peseta a la cora. FUSADES plantea que (1) los salvadoreños en el exterior representan una fuente potencial de contactos comerciales para negocios y transferencia de conocimientos y (2) las remesas representan una oportunidad de financiamiento que debe ser aprovechada para focalizar esfuerzos de autodescubrimiento o innovación en actividades de pequeña escala.

Es por ello que en su Estrategia Económica y Social 2004-2009, FUSADES recomienda mejorar la coordinación de políticas y planes relacionados con la comunidad de salvadoreños en el exterior. También destaca la necesidad de trabajar para expandir sus derechos legales y otorgarles el derecho a votar en las elecciones nacionales. Incluso sugieren motivarlos a jubilarse en El Salvador y facilitarles el acceso a servicios financiero en el exterior.

Hay varios ejemplos que muestran hacia adónde van los negocios salvadoreños. Uno de ellos es el Primer Encuentro Empresarial Los Ángeles 2004, donde compañías con base en El Salvador como Banco Agrícola, TACA, Supermercados Selectos, Almacenes Prado y otras, se reunieron con líderes angelinos para explorar nuevos nichos de mercado.

Hay muchos casos más, entre ellos está la exportación de loroco a EUA, por 40 empresarios que buscan colocar más de 34,000 kilos al mes entre los inmigrantes centroamericanos, y la exportación de productos lácteos San Julián a Los Ángeles, San Francisco y Texas.

También se destaca el ingreso de divisas y la activación económica durante la época que los salvadoreños que viven en EUA visitan su tierra natal. En dichas semanas, la afluencia de consumidores en los hoteles, lugares de recreación y centros comerciales de El Salvador aumenta de manera significativa.

Además, habría que calcular los cuantiosos equipos y enseres del hogar que los “hermanos cercanos” les traen o envían a sus seres queridos. Es decir, el flujo económico es de doble vía: personas y bienes salvadoreños hacia EUA y dólares, materiales y equipos de EUA hacia El Salvador. Esta es la base de la economía nacional y familiar de los salvadoreños. Todo esto tiene un costo: aumento del consumismo, desintegración familiar, uso de drogas y patrones importados de violencia juvenil.

En términos socioculturales, este camino adquiere múltiples dimensiones. Por una parte, miles de jóvenes, lugareños y profesionales han dejado de apostarle a su lugar de origen y han puesto su mirada en el norte. Esta actitud hace que se vaya perdiendo el sentido de pertenencia e identidad. Prueba de ello es que un alto porcentaje de los descendientes (hijos y nietos) de los salvadoreños que se fueron ya no piensan regresar a la tierra de sus padres y abuelos, y los familiares y amigos que se quedaron en El Salvador piensan que dicho sacrificio vale la pena hacerlo en beneficio de las nuevas generaciones. ¿Qué se puede hacer?

Como tendencia conviene revertirla (los salvadoreños deben pensar y vivir en su país). Como oportunidad habría que aprovecharla. Este es el reto de país.

Dos son los cursos principales de acción. Uno es la animación de las economías locales, generación de empleo a los lugareños.

El otro es la conservación de los patrimonios cultural y ecológico: nuestras raíces y bellezas escénicas. Ya que para lograr que los salvadoreños le apuesten a su país, es necesario ampliar la base productiva e invertir en los niños y jóvenes de las áreas rurales y en los recursos naturales (suelo, ríos, manglares y biodiversidad). Todo ello obedece a que el capital humano, social y natural sustentan el crecimiento económico.

De hacerlo así, el desarrollo de El Salvador será sostenible. De lo contrario, “el país se convertirá en un vehículo sin gasolina y sin batería. Sus conductores, aunque tengan un mapa digital y buenas carreteras, no lo podrán mover hacia adelante”.



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