Se inició octubre, con la celebración internacional del día del niño. En un día como ese, toda una serie de actos se prepararon para los chiquitines, había cantos y una distribución de abrazos apretados que le dieron suavidad a la brisa matinal de nuestro ambiente.
En algunos jardines infantiles de nuestra patria, con cuánta gracia se tejieron guías enteras de vejigas que enhebradas con tanto arte simulaban flores, corazones y símbolos que evocaban a la vida, a la alegría y al amor. Cómo se transformaron algunas calles y el escenario donde algunos de nuestros niños cada mañana entran y van a aprender a escribir las palabras de papá y mamá y los atributos que se les confieren que muchas veces distan tanto a ser verdad.
¡Qué fácil y qué gratificante fue hacerlos sonreír, con qué felicidad se dibujó en sus labios una dulce y espontánea sonrisa, al ver maravillados todo aquello que había sido preparado para ellos con tanto amor!
Amigos lectores, no hay duda que la vida nos regaló a los niños, y, con ellos, los ángeles vistieron nuestro cielo y nosotros los adultos, con nuestras actitudes sembramos en unos pocos las sonrisas y en muchos de ellos la tristeza y el desprecio.
En ese día, que se rindió homenaje a la niñez, mientras algunos niños quebraban sus piñatas y recogían dulces de su celebración, otros niñitos, allá en Bagdad, buscaban dulces que les tiraban soldados de la coalición, cuando de pronto, tres coches bomba explotaban... Morían más personas, 37 pequeñas vidas se cegaban, 37 ilusiones se truncaban, 37 familias se desgarraban, porque 37 niños que recogían en la hiel de las ensangrentadas calles de Iraq el dulce sabor de un caramelo habían muerto. El Salvador llora sus muertes y el mundo entero lamenta una vez más ese atropello y pide a todo aquel que entorpece el camino de la paz que cesen el fuego y la violencia.
Ni nuestros niños, ni nuestros jóvenes, ni tú, ni yo, queremos ver en las noticias de cada día de la semana que hay quienes todavía piensan que con la guerra se va a triunfar. ¡Nunca se triunfa con las armas, ni con las más sofisticadas!
En el mes que se conmemora a la niñez, le pido al mundo y a mi patria que en nombre de los niños que son los ángeles que visten nuestro cielo, no se permita matar a seres inocentes. Que se promueva un nuevo ciclo de valores, y que el mundo unido haga cumplir a todo aquel que habita este planeta normas de convivencia que sean regidas por la paz.