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Aunque muchos padres podrían sentir miedo al ver que sus hijos especiales montan a caballo, las terapias con estos animales pueden lograr buenos resultados en niños y niñas con síndrome de Down, parálisis cerebral, retardo mental, autismo, entre otros padecimientos.
De hecho, los niños que asisten a equinoterapia o hipoterapia en el Centro Recreativo El Corralito, ubicado en el kilómetro 26 carretera a Santa Ana, ya han mejorado notablemente.
“Mi hija ha mejorado su postura, está más sociable pues antes era retraída. Ahora mi sueño es verla haciendo ecuestre”, comentó Carmen de Durán, madre de Lucía Marcela Durán, una señorita de 19 años quien sufre de síndrome de Down.
Pero Lucía no es la única en haber experimentado beneficios, así lo confirma Haidi Palis, especialista en hipoterapia y miembro de la Fundación Amor y Energía: “Yo he visto a niños que los médicos opinaron que nunca hablarían o caminarían, pronunciado sus primeras palabras y poniéndose
de pie”.
La explicación del éxito
Pero todos los éxitos mencionados con anterioridad no son alcanzados por arte de magia.
“Después de cada terapia con caballos, los niños están tan estimulados y relajados que se elevan sus ondas alfa y su cerebro y su cuerpo aprenden más fácilmente. Las ondas alfa son las ondas de la felicidad, las ondas que te hacen captar las cosas mucho más fácilmente”, explicó la
alemana Haidi Palis durante el Primer Seminario de Hipoterapia y Terapias Alternativas organizado por la Fundación Hermano Pedro a través del Hogar del Niño Minusválido Abandonado Padre Vito Guarato. Por esta razón es que las terapias con caballos –si son utilizadas como base de otras terapias
alternativas o convencionales como las terapias de lenguaje, fisioterapias o terapias ocupacionales– provocan resultados tan sorprendentes como niños que empiezan a caminar, a hablar o hacen cosas que nunca han podido.
Éste es el caso de Lucía Durán.
Ella, a pesar de que siempre ha caminado, no poseía un buen equilibrio ni mucha soltura. Ahora, casi dos años después de recibir terapias de equitación, todo es distinto. Tiene mejor equilibrio, músculos más firmes y puede cabalgar muy bien, así lo confirma su madre: “Hace dos años empezamos
la equitación, con un programa que hubo de Olimpiadas Especiales, las primeras olimpiadas donde participaron los niños a caballo. Mi hija participó y ganó dos medallas ”, dijo emocionada.
Viaje por la historia
La hipoterapia surgió en los países escandinavos cerca del año 1952.
En esa época, Liz Hartal, a pesar de encontrarse impedida por la poliomielitis, ganó una medalla olímpica en adiestramiento.
Su triunfo llamó la atención de terapeutas y éstos estudiaron el triunfo de la joven. En sus investigaciones ellos encontraron que la equitación bajo normas específicas puede ser una terapia innovadora.
Así se inició la hipoterapia, del griego hippos (caballo), en donde se aprovecha el movimiento del caballo para tratar diferentes afecciones, especialmente aquellas relacionadas con problemas de movimiento.
El término hipoterapia se refiere a una forma pasiva de montar, en la que el paciente se sienta sobre el caballo y es colocado en varias posiciones, con lo que se acomoda al movimiento oscilante del animal.
Gracias a la hipoterapia se pueden corregir problemas de conducta, disminuir la ansiedad, mejorar la autoestima, incrementar la integración social, mejorar el equilibrio, reducir los patrones de movimientos anormales, mejorar los niveles de atención, entre otros beneficios.
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