Durante la primera infancia (cero a seis años) una de las señales del
crecimiento saludable son los avances en el desarrollo motor.
Darse vuelta, sentarse, gatear, caminar, en fin, la capacidad para moverse
de forma cada vez más independiente es la expresión de que todo marcha
bien.
A través del movimiento los niños conocen el mundo que les rodea y empiezan
a actuar sobre él, a cambiarlo.
Al gatear, por ejemplo, pueden alcanzar objetos que llaman su atención
y “conocerlos” cuando los tocan, succionan, tiran, rompen
y más.
Aunque cada niño y niña tiene su propio ritmo de desarrollo, pueden tenerse
en cuenta ciertos parámetros para no pasar por alto señales de alerta
sobre posibles retrasos en el desarrollo que más adelante pueden obstaculizar
su evolución en otras áreas de desempeño, como el aprendizaje escolar
o social.
Escalas de desarrollo
Conocer cuáles son los cambios esperados que los hijos van a sufrir en
su desarrollo motor no debería convertirse en un fuente de tensión. Deben
usarse con prudencia para orientar las actividades y los juegos que se
comparten con los niños y las niñas, y en caso de diferencias muy marcadas,
para detectar a tiempo posibles dificultades.
Desde el nacimiento al quinto año de vida aproximadamente pueden esperarse
las siguientes habilidades o destrezas motoras.