El estadio Nacional de Jamaica es una historia de alegrías y tristezas para El Salvador. Para ser más explícitos, es un cuento de dos derrotas y una victoria cuscatleca.
Este día salvadoreños y jamaiquinos llegarán a cuatro enfrentamientos oficiales, que empezaron el 22 de noviembre de 1992. Los de casa han llevado las de ganar, al menos en los dos últimos enfrentamientos de 1997, durante la hexagonal hacia Francia 98 y la de 2000 para Corea y Japón, en la misma
fase que ahora se disputa.
En 1992 fueron los salvadoreños los que salieron ganadores con dos goles de Milton “el Tigana” Meléndez, pero la historia se revirtió pronto. El 18 de mayo de 1997, en Kingston, los del Caribe ganaron 1-0 y repitieron el 16 de agosto de 2000 el marcador de tres años atrás.
El estadio nacional jamaiquino es un escenario que parece atípico para el fútbol: una pista y un velódromo separan las gradas de la cancha, la primera hecha para el atletismo, un deporte muy popular en la isla, pero la explicación del velódromo no parece encajar en los gustos de todos. Donahue
Jarret dice que el ciclismo no es popular en la isla y que la creación del velódromo respondió a la iniciativa de fomentar el deporte.
Son 42 años
El escenario fue construido en 1962 y tiene una capacidad para 30 mil aficionados y fue renovado en 1996, precisamente para las eliminatorias mundialistas de Francia 98. En ese entonces, dirigidos “los Reggae Boyz” por el brasileño René Simoes, la cancha no fue tocada con el supuesto
objetivo de beneficiar a los de casa, acostumbrados a jugar en un terreno en malas condiciones.
Jarret desmiente la leyenda: “No es que no se haya cambiado el césped, sino que las constantes prácticas de atletismo dañan el terreno de juego, además se practica cricket también”, asegura.
Efectivamente en el escenario entrenan Aleen Bailey y Sherone Simpson, parte de la cuarteta que ganó el oro de los relevos 4x100 en Atenas. Junto a ellas también utiliza la pista Danny McFarlane, que escoltó a Félix Sánchez en los 400 metros vallas. También trabajan allí Asafa Powell y Usain
Bolt.
Junto a ellos los lanzadores de bala, disco y martillo hacen que la cancha no esté en las mejores condiciones. Situación que no parece incomodar a los salvadoreños, al menos ésa es la tesis de Jorge Rodríguez, quien conoce el escenario desde 1997.
“Creo que sabemos a lo que venimos, sabemos en el terreno que jugaremos y todos están conscientes de ello”, explica el mediocampista, para quien la cancha no debe ser excusa. “Los dos equipos jugamos sobre el mismo terreno. Si nos afecta a nosotros les debe afectar a ellos.”
Jarret asegura que la grama del estadio fue cambiada en 2002, luego del mundial de atletismo juvenil que albergó la isla, pero sigue presentando los mismos huecos y desniveles que antes.
Hoy por la noche, cuando se defina el cuarto juego entre cuscatlecos y jamaiquinos, el estadio albergará una jornada más de fútbol, acompañada de reggae y el inconfundible olor a marihuana.