De entrada, el título es chocante: “Pederastia en la Iglesia católica”.
Pepe Rodríguez no sólo es un reputado investigador, muy acucioso. Es además un provocador. El libro, según su sitio en internet, www.pepe-rodríguez.com, fue vetado por la Iglesia en los medios de comunicación.
A través de un lenguaje fluido, mordaz y sarcástico, Rodríguez recopila los escándalos sexuales en que se vio envuelta la Iglesia católica en el 2002 en Estados Unidos y otros países, incluida Latinoamérica. Una bomba explotó y el Vaticano no volvió a ser el mismo.
El “encarnizamiento” (como dicen sus detractores) con que Rodríguez aborda las problemáticas de la entidad religiosa ha sido a veces duramente criticado. Pero la realidad dista de las nobles palabras con las que los vicarios describen la “santidad” de los curas y prelados acusados de pederastia.
Rodríguez ha dedicado mucho de su vida a investigar el componente religioso de muchas sociedades. Pero eso no lo convierte en “enemigo de la Iglesia”. Ventila los casos existentes.
Con una brillante perspicacia, “Pederastia en la Iglesia católica” documenta ampliamente las denuncias por abuso sexual. A pesar de que esta obra puede dañar la sensibilidad de algunos, no debe tomarse como un “ataque” o una verdad absoluta, ya que en ningún momento deja de reconocerse el brillante, objetivo y valiente accionar de otros religiosos.
La indiscutible y ciega confianza con la que muchas sociedades se entregan abiertamente a los vicarios es algo que debe revisarse. Éste es uno de los planteamientos principales de Rodríguez.
El cuestionamiento de la regla del Vaticano de “tratar los asuntos de la Iglesia de manera interna” es otro punto neurálgico en el libro.
¿Por qué ocultar los abusos cuando están más que comprobados? ¿Cómo se puede confiar en líderes religiosos que minimizan el abuso de menores y lo clasifican como simple “pecado”? ¿Por qué la negación de tratar estos abusos como delitos legales? ¿Qué hace a los líderes religiosos creer que están por sobre la ley?
Éstas y muchas otras preguntas son con las que Rodríguez refriega el desangramiento económico que la máxima entidad católica ha tenido que cargar producto de las denuncias por abusos a menores: mil millones de dólares pagados en secreto para acallar a las víctimas de los curas abusadores.