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El ojo en la pirámide

Róger Lindo
Columnista


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No, la pesadilla orwelliana de 1984 no terminó con el derrumbamiento de la URSS y el mundo que le servía de muralla china.

Es cierto que el bigote de Big Brother recuerda al de Stalin, pero me inclino por pensar que las situaciones orwellianas —tanto como las situaciones kafkianas— no son inherentes a ningún sistema en particular.

Ni el mundo de la producción (que tiene capacidad de fisgonear hasta el último rincón de las oficinas y fábricas con aparatos de escucha, cámaras de circuito cerrado y programas capaces de monitorizar los mensajes, las visitas por internet y hasta las teclas que oprimen sus empleados en la computadora de la oficina), menos el de los estados, por muy ejemplares que se crean, escapa a las tentaciones del control absoluto y despiadado.

Hace dos años, John Poindexter, almirante retirado, doctor en Física, alto ejecutivo empresarial y uno de los delincuentes convictos por su participación en el escándalo Irán contra (sería perdonado por Bush I), apareció de la noche a la mañana al frente de un proyecto llamado Oficina de Vigilancia de la Información (Information Awareness Office).

Su logo consistía en una pirámide en cuya punta descansaba un ojo enorme y fisgón. El escritor Hendrik Hertzberg hacía notar que entre los proyectos de esa oficina se encontraba un programa de identificación a distancia de seres humanos (Human ID), tecnología de “mantenimiento de la verdad” y un plan para crear un megabanco de información que permitiría analizar, entre otros datos, las cuentas bancarias, récords de viajes, historial médico, faltas de tránsito y la totalidad de los mensajes electrónicos enviados por los ciudadanos. El lema de esta oficina era “El conocimiento es poder”.

Sin embargo, quienes entendieron bien las advertencias de Orwell y sus predecesores no cayeron en el jueguito: los estadounidenses rechazaron tan delirantes despropósitos.

El logo con el ojo en la pirámide y su sitio en internet desaparecieron silenciosamente la noche del 26 de noviembre de 2002.



Agua Caliente, riqueza entre montañas

   


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