No, la pesadilla orwelliana de 1984 no terminó con el derrumbamiento
de la URSS y el mundo que le servía de muralla china.
Es cierto que el bigote de Big Brother recuerda al de Stalin, pero me
inclino por pensar que las situaciones orwellianas —tanto como las
situaciones kafkianas— no son inherentes a ningún sistema en particular.
Ni el mundo de la producción (que tiene capacidad de fisgonear hasta
el último rincón de las oficinas y fábricas con aparatos de escucha, cámaras
de circuito cerrado y programas capaces de monitorizar los mensajes, las
visitas por internet y hasta las teclas que oprimen sus empleados en la
computadora de la oficina), menos el de los estados, por muy ejemplares
que se crean, escapa a las tentaciones del control absoluto y despiadado.
Hace dos años, John Poindexter, almirante retirado, doctor en Física,
alto ejecutivo empresarial y uno de los delincuentes convictos por su
participación en el escándalo Irán contra (sería perdonado por Bush I),
apareció de la noche a la mañana al frente de un proyecto llamado Oficina
de Vigilancia de la Información (Information Awareness Office).
Su logo consistía en una pirámide en cuya punta descansaba un ojo enorme
y fisgón. El escritor Hendrik Hertzberg hacía notar que entre los proyectos
de esa oficina se encontraba un programa de identificación a distancia
de seres humanos (Human ID), tecnología de “mantenimiento de la
verdad” y un plan para crear un megabanco de información que permitiría
analizar, entre otros datos, las cuentas bancarias, récords de viajes,
historial médico, faltas de tránsito y la totalidad de los mensajes electrónicos
enviados por los ciudadanos. El lema de esta oficina era “El conocimiento
es poder”.
Sin embargo, quienes entendieron bien las advertencias de Orwell y sus
predecesores no cayeron en el jueguito: los estadounidenses rechazaron
tan delirantes despropósitos.
El logo con el ojo en la pirámide y su sitio en internet desaparecieron
silenciosamente la noche del 26 de noviembre de 2002.