Poseyó una voz de lujo. Estrella de radionovelas por tres décadas. De niño las escuchaba por las noches antes de dormirme. Soñaba con conocerla. Su voz era tan dulce que el día que sucedió no tuve ninguna duda.
Era menudita, pero en el escenario crecía tanto que ella sola lo llenaba. Estelarizó grandes montajes: “La mujer X”, fue la Yocasta de “Edipo rey”, la superproducción que el maestro Edmundo Barbero montó. También fue María, madre de Cristo, en la puesta en escena de “El hombre de Nazaret”.
Al momento de su muerte hacía una participación especial en “El mago de Oz”, dirigida por Nelson Portillo, en la que fuera su última actuación y en la que al igual que toda su carrera brillaba totalmente. Había aceptado volver a las tablas después de 12 años de ausencia.
Su formación pasó por grandes maestros, por la escuela de teatro de Bellas Artes y por los grandes directores. La dirigieron René Alfonso Lacayo, Gerardo de Nieva, Edmundo Barbero, André Moreau, Nelson Portillo, en teatro. También José David Calderón en televisión y Fausto Carbonero en radio.
Se negó a hacer cine; el director José David Calderón la quería para estelarizar su filme “Los peces fuera del agua”. El cineasta había escrito el guión pensando precisamente en ella. Se negó, no se gustó en las pruebas de cámara cinematográfica. Pese a ello, protagonizó la primera telenovela salvadoreña, “Más allá de la angustia”, dirigida por Calderón.
Sin embargo, fue una gran estrella y una gran actriz. En la emisora YSU provocaba niveles de audiencia sin precedentes para la radio nacional. Generalmente era la protagonista buena de la historia, a quien la villana Ana Brizuela le disputaba el galán, ya fuera Joel Fernández o Roberto Arturo Menéndez.
Despacio, de manera inexorable, pasó de dama joven a papeles maduros y posteriormente a actuaciones especiales de primerísima actriz. Su especial temperamento la hacía retirarse de la actuación por épocas, pero sus compañeros y directores nunca la olvidaban e insistían en su regreso. En ocasiones se volvía necesaria para los montajes. El público agradeció siempre sus constantes retornos.
Irma Elena Fuentes es de las artistas que fundamentan la cultura de un país.
Cualquier homenaje que se le haga posterior a su muerte no incrementará ni un ápice su grandeza. La diva supo que lo era; muchas veces se comportó como tal. En medio de la tristeza que provoca su partida, me pongo de pie para brindar mi más grande aplauso en respeto a la trayectoria de tan extraordinaria actriz.