Eugenio Acosta Rodríguez “Chico Tren” recibe un ramo de rosas
en la entrada: “Muchas gracias, ya va a venir don Nelson (Portillo,
quien corrió con los gastos del funeral). Yo estoy ahorita de encargado”,
saluda.
El azul negro predomina en los sillones y el vestir en la capilla La
Resurrección, en la Funeraria La Auxiliadora. Hay también algunos de riguroso
luto. Entre cuatro ramos de flores, y ahora las rosas recién llegadas
que Acosta coloca en un jarrón, hay un ataúd verde olivo. En éste una
foto y bajo el cristal en que se refleja la foto un rostro: Irma Elena
Fuentes.
Ya ha pasado un día desde su última función, y artistas y amigos se
han acercado a verla antes de que la tierra cubra para siempre su rostro.
Después sólo quedarán fotos y recuerdos.
Epitafios
“Conocí a Irma Elena en 1962, trabajamos con Eugenio Acosta”,
recuerda la actriz retirada Martha Salazar Regalado. Juntas hicieron la
obra “La cuadratura del círculo” y no volvieron a verse. Hasta
ayer.
De repente, un joven silencioso y blanco, de bigote negro y camisa azul,
se acerca al féretro. La ve, se despide, se sienta. Guarda un silencio
de sepulcro que desentona con la plática alegre de cinco señoras frente
a él. Comparte una anécdota y vuelve a callar.
Al fin habla: “En 1990 conocí a Irma Elena. Trabajamos juntos en
Radio Verdad. Era una persona muy especial, una mujer muy sensible, dulce,
amable, celosa de su trabajo y con esta pasión en la que culminó sus días:
el teatro”.
La última vez que la vio actuar fue en “Blanca Nieves”.
Siempre en ese mundo de cuentos de hadas la conoció Jonás Herrera: actuó
con ella en “La bella durmiente”, pero además “nos conocimos
por medio de mi mamá (Linda Castellanos). Entre ellas hubo mucha relación
de amistad, además de la laboral”, recuerda el presentador de Hola
El Salvador.
Irma Elena Fuentes fue además una de las fundadoras de Teatro Hamlet,
según Antonio Ramírez, coordinador de la compañía.
Sus últimas actuaciones, antes del retiro de 12 años, habían sido con
la compañía: “La bella durmiente”, “Blanca Nieves”
y “El que quiera celeste que se acueste”, donde compartió
tablas con Lupita de Avilés, presente en el funeral en el libro de visitas
junto a Aída Mancía y periodistas.
“Otro ángel para el más grande espectáculo celestial. Sólo ella
faltaba para dar comienzo al momento más divino”, decía un mensaje
en el libro de visitas.
Lenta y soleada se hizo la tarde. Irma Elena fue llevada al Huerto de
los Olivos, en Jardines del Recuerdo.
Se cerró el ataúd, cayeron las flores y la tierra. Sólo quedan sus imágenes
y el resonar de su voz “entre grave y clara”, como la describe
el cantante Eduardo Fuentes.
“Adiós, Irma Elena”.