Ayer, el Museo de Arte de El Salvador (MARTE) subrayó con historia su nombre al abrir al público la primera exposición monográfica dedicada a uno de nuestros más grandes pintores con vida: Carlos Cañas.
La curaduría de la muestra estuvo a cargo de la venezolana Bélgica Rodríguez, quien a su vez, en conjunto con Ana Urquía y Jorge Palomo, desarrollaron la museografía, es decir, una distribución de la obra que permita una lectura del artista, su historia, su evolución y su propuesta.
Urquía y Palomo son subdirectora y director de proyectos del MARTE, respectivamente.
La exposición se titula “Carlos Cañas, obras sobre papel 1944-2004”. Rodríguez tuvo que examinar casi 500 obras, y escogió 121, que se distribuyen en dos salas, y en cada una hay un recorrido diseñado para que el visitante obtenga de buena manera la información y el gusto que las paredes ofrecen.
Dos salas para el vuelo
Volar es una metáfora que se ajusta a la experiencia que da esta muestra. Cada una de las salas eleva la imaginación y estimula l a memoria.
La sala 3 del MARTE alberga los cuadros que nos hacen contemplar a vista de pájaro la evolución del artista en sentido cronológico. Inicia con “El estudiante”, de 1943, y aterriza en “Desnudo y cabezas”, del 2004.
El diálogo de la sala 2 exige un vuelo bajo, para apreciar mejor las ideas y escuchar mejor el contrapunto entre el drama y la alegría de nuestra historia, a la que Cañas ha hecho homenaje durante toda su carrera.
Todo está puesto para extender la imaginación y saciarnos de colores, formas, pero sobre todo, de ideas.
Cañas agradece, dice estar “sumamente encantado”, pero, artista al fin, sólo puede decir: “La gente que vea por donde quiera ver”.